15ª CLÁSICA MARRUECOS

Del 2 al 10 de diciembre de 2017

 

 

 

¡ESTE EQUIPO LO QUEREMOS PARA SIEMPRE!

 

La primera vez que acudimos a una aventura de este tipo, estamos locos, ni siquiera tenemos un 4x4, lo hemos alquilado en Marrakesh, no tenemos ni idea de lo que nos espera. Llegamos a Meknes, Hotel Dalia, enorme comparado con los riads que hemos tenido los últimos días en Fez y Rabat. Yo me encuentro fatal, la última cena me ha dejado un volcán en el estómago, me quedo en la cama y mando a Ralph solito a encontrarse con los compañeros. Vuelve emocionado, contándome nombres e historias de un “briefing”, no le hago mucho caso, y diciendo que todos son muy majos y me van a encantar.

 

El lunes me levanto recuperada y en el desayuno conozco a la gente, tenemos una reunión de nuestro grupo, también me presentan a mi GPS y al libro de ruta, MUY IMPORTANTE, aprendo lo que es un waypoint y conozco a los compis, Martín y Pati, maestros supremos; Leo y Loli, asistentes; Jasmeen y José los reyes del documental; Rafa y Aurora, intendencia; Joaquín y Elisa, emergencias y radio y Miguel y Almudena experto y fotógrafa. Todos duchos en estas lides, algunos desde la infancia, un equipo muy capaz, lo que nos alegra un montón. Comienza la ruta, muy organizados, la verdad. Nos dirigimos a las estribaciones del Atlas dejando de lado El Hajeb pequeña ciudad a 1044m de altitud y siguiendo dirección Azrou que significa “peñasco”, continuamos hacia Ifrane, que fue creada en 1930 en estilo alpino y se halla a 1630m de altitud. Nuestra primera parada es en un bosque para visitar el Cedro Gourad, que tiene más de 800 años y está muerto, pero sigue siendo majestuoso y dando refugio a unos monos que aunque familiarizados con los turistas no se dejan hacer fotos fácilmente. Primera comida del equipo, nosotros con nuestros sobres de jamón al vacío y el pan del supermercado y aparecen sillas y mesas, las gildas, el queso y el embutido, las cervezas fresquitas y la invitación a aliviarles de un peso, era como estar en casa de la familia. Seguimos en dirección a Errachida, pasando el puerto de J Ali-ou-Rbeddou y el túnel del Legionario y avistamos el Atlas con nieve en las cumbres. Cena buffet con nuestro grupo en el hotel Riad con preciosas habitaciones también.

 

El martes salimos dirección a Merzouga, empiezan las vistas de las dunas. Primer Oued en mi vida, esto mola MUCHO!! En el cauce del río nos toca liderar, nos perdemos, todos detrás de nosotros, muy amables Elisa diciendo, “eh, creo que os habéis pasado el waypoint”, insisten todos, vale, damos la vuelta, perdón, es que no tenemos ni idea!, qué majos no se enfadan. Qué demonios están plantando en esta tierra? No sabemos, palmeras? Algo importante porque le dedican mucha tierra. Empezamos a ver camellos. A mediodía seguimos disfrutando de la generosidad de los compañeros, sidra de Asturias, cecina de León, el pan de Luis, esto es una feria del buen comer. Llegamos a un pozo rodeado de burros que ni se mueven al vernos y a un barranco con unas vistas espectaculares, dónde descubrimos el dron de Jose, la caña! ¡Qué imágenes! Bajada por terreno pedregoso, alguno se deja una rueda y el primer Oasis. En la cena del hotel Tombouctou conocemos a los independientes, ese grupo que va a su bola y que ya han estado tantas veces en Marruecos que se lo saben de memoria. Por la noche, me encuentro con Almudena en la azotea, no es una cita secreta o sí, pero con la superluna, mis fotos no son para enseñar, no sé qué tal las suyas, pero descubrimos que como a varios del grupo nos apasiona la fotografía.

 

Atravesamos los camellos de la salida y comenzamos la preparación para las dunas. Hay que desinflar las ruedas, recibimos una lección sobre sonidos, sincronización, tiempos, bolis mágicos, etc. im-prescindible para conseguir la presión perfecta para afrontar el reto. Como niños en una excursión del cole, seguimos a Martín y Pati, esto es mejor que el parque de atracciones, solos en la quietud de las dunas aprendemos lo que es “me he quedado” y salir corriendo todos del coche para desenterrar y empujar. Nuestro coche se porta como un jabato, se nota que es marroquí, ni siquiera con nosotros de conductores súper-hiper-concentrados y tensos se queda en la arena.

 

El jueves seguimos en la zona de Merzouga pasamos por una ciudad amurallada y recorremos pistas cerca de las dunas. Las gildas se acaban, 5 kg es muy poco Aurora para tanto gorrón. El viernes hace un día de escándalo y nos decidimos a volver a las dunas cercanas al hotel Xaluca, aquí no hace falta internet para comprar online, en cuanto paras aparece el “amigo” que te vende geodas, ceniceros o lo que te haga falta. Volvemos a disfrutar de la excitación de salir de la hoya de una duna en espiral y saltar su cresta para encontrarse con la sorpresa de una pendiente demasiado inclinada para nuestro gusto. El día pasa fenomenal sin ningún incidente grave. Martín y Pati (una crack en toda regla) nos dirigen con maestría y paciencia y, después de regalarnos la puesta de sol en la cima de una duna que tanto queríamos, nos ayudan a salir de nuestro empanzamiento con la linga, que ya era hora de que nos quedáramos nosotros también. Qué pena, mañana nuestros caminos se separan y hay que despedirse. Nos quedamos con ganas de más, este equipo lo queremos para siempre.

 

Texto Mayte García

 

 

Inicio Fotos de los participantes Galería de fotos Crónica de Mayte