El Desierto de Los Niños 2008

Fechas
Semana Santa 2008
Lugar
Edición 2008: una vez más El Desierto de los Niños ha sido un éxito!!!
Aquí os dejamos algunas crónicas de este viaje.
Crónica de una aventura en el desierto
Raquel Bastardés Gragera (8 años)
Me llamo Raquel Bastardés y tengo 8 años. Esta es la primera vez que asistimos a esta aventura. Cuando Don Federico me Me llamo Raquel Bastardés y tengo 8 años. Esta es la primera vez que asistimos a esta aventura. Cuando Don Federico me pidió que escribiese la crónica de este viaje al principio me dio un poco de miedo, pues no pensé que sería capaz, pero acepté porque mi madre accedió a ayudarme. Durante el viaje habíamos ido anotando muchas cosas en un cuadernillo de viaje que me servirá para recordar muchos nombres.

(Esperando para embarcar en Algeciras colocamos las primeras pegatinas en el coche)
Realmente el viaje no comenzó el día 14 de marzo sino que ya un mes antes mi Madre andaba como loca preparando todas las cosas. Cuando solamente faltaba una semana los nervios estaban a flor de piel y parecía que todo iba a estallar. Llegó el ansiado día 14 y salimos de Madrid tempranito para coger la M-50, donde nos encontramos un monumental atasco. En esta carretera conocimos a Figu que iba conduciendo su camión y le saludamos. Papá tuvo que demostrar su pericia al volante para conseguir llegar a Algeciras a tiempo.
La travesía en el Ferry fue muy distraída porque los monitores representaron una obra muy divertida y nos reímos mucho. Una vez que llegamos nos tocó pasar la aduana, y enseñar los pasaportes unas cien veces.
Ya muy de noche llegamos al hotel Ibis en Fnideq, donde nos esperaba Inma, para darnos la habitación.

Luis Granda nos explicó por la mañana en qué consistirían las actividades de los niños y nos repartieron los archivadores con el primer capítulo del cuento.
Al día siguiente tanto los papás como los niños tuvimos reunión. Luis nos explicó en qué consistirían las actividades y nos repartieron los archivadores con el primer capítulo del cuento y unas pelotas muy chulas. Ese día comenzó de verdad la aventura, después de colocar las emisoras, los GPS y las pegatinas en los coches salimos con nuestro rutómetro en dirección a Rabat, la capital de Marruecos. A medio día paramos en una zona llena de árboles para comer, montamos nuestras mesas y después de disfrutar de la comida jugamos a la soga, chicos contra chicas y luego niños contra papás. Os recuerdo que ganamos los niños paga doble, ¿lo habíais olvidado?


Después de la comida jugamos a la soga. Todos demostramos estar en plena forma.
Tras los juegos continuamos la ruta hacia el hotel Dalia, en la ciudad de Meknés, un hotel muy chulo en el que antes de cenar tuvimos taller de pintura con Patricia y después Jacobo (San Jacobo, como le llamaba mi hermano Daniel) nos dio unos consejos médicos para no ponernos malos durante el viaje: nos dijo que debíamos lavarnos bien, no comer alimentos sin lavar, beber siempre agua mineral, hidratarnos bien, ponernos protección solar y tratar de buscar la sombra cuando hiciese mucho calor. En la cena comimos una comida bastante rica, pero muy diferente a la que comemos en España, porque estaba un poco picante. Después de cenar leímos con Luis un poco del cuento y luego nos fuimos a descansar.
A la mañana siguiente, después del breafing, iniciamos la ruta y llegamos al impresionante bosque de cedros, nos dijeron que había muchos monos y que tuviéramos cuidado con ellos porque mordían, pero realmente no vimos ninguno. Paramos en Timadhdite, donde tuve mi primer encuentro con los niños de Marruecos: les dimos caramelos, me enternecieron sus miradas de agradecimiento. Daniel se quedó tan impresionado que les regaló la pelota que nos habían dado el día anterior.


Mi hermano Daniel y yo tuvimos nuestro primer encuentro con los niños de Marruecos en Timahdite, donde les dimos unos caramelos y las pelotas que los monitores nos dieron la mañana anterior.
Continuamos la ruta, los paisajes eran impresionantes. Atravesando las montañas nos dirigíamos en dirección a Arfoud y atravesamos la sorprendente cordillera del Atlas por el túnel del Legionario, en Er Reachidia. Por la lectura del cuento supimos que se trata del único túnel de Marruecos, un túnel que los legionarios franceses cavaron en la roca con picos y palas. Hoy en día sigue en su estado original, y permite la comunicación entre el norte y el sur de Marruecos.

Después de atravesar el túnel del Legionario pudimos ver la impresionante cordillera del Atlas estaba cubierta de nieve.

Daniel hizo de las suyas en el camión de Figu. ¿Verdad que las caras de estos niños lo dicen todo?

Hicimos una nueva parada porque, como siempre, Don Federico ya estaba pidiendo una cervecita y aprovechamos para subirnos al camión de Figu. Daniel toqueteó todo lo que encontró en la cabina, y de verdad no sé cómo Figu fue capaz de poner en marcha el camión de nuevo. En esta parada no sé de dónde volvieron a aparecer más niños, sus caras eran preciosas. Les dimos algunas cosillas y se les iluminaron las caras. Fue increíble ver la ilusión en sus ojos.
A continuación entramos en una impresionante garganta, la garganta del río Ziz. Mamá tuvo que explicarme qué la garganta la había formado la erosión del río Ziz y cómo habían quedado los estratos después de la erosión. No lo entendí demasiado bien, pero prometió volvérmelo a explicar más adelante. Por cierto, aquí vi que hay personas que no tienen lavadora porque vimos muchas mujeres lavando la ropa en el río Ziz.

La garganta del Ziz era impresionante. Esas capas del terreno son los estratos que están inclinados. Al fondo en el río Ziz pueden verse mujeres lavando la ropa.
A pesar del calor que hacía, en la garganta del Ziz paramos para comer. Menos mal que como mi Madre es muy previsora se le ocurrió la estupenda idea de comprar una enorme sombrilla donde Marina, Álvaro, Daniel y yo nos cobijamos para comer. Aquí sí que tuvimos que beber mucho, pues el calor comenzaba a apretar. La comida nos supo genial porque estábamos hambrientos, aunque a pesar de que mi Madre se lo había tomado muy en serio, no había mucha variedad en las comidas: fiambre, queso, ensaladillas de lata, mejillones en escabeche, etc. Menos mal que el pan de Marruecos estaba riquísimo. Estuvimos haciendo algunas fotos en este sitio porque era realmente impresionante y después de jugar con los amigos que ya íbamos haciendo en el viaje, cogimos de nuevo los 4×4 y paramos en una Kasbah llamada Jurassique, donde probé el té moruno. Particularmente a mi no me gustó, tampoco me importó demasiado puesto que como soy diabética estaba demasiado dulce.

Comimos en la garganta del Ziz y después probé por vez primera el té moro. Por cierto, olía muy bien, pero no me gustó nada.

Después no recuerdo muy bien esta parte del viaje porque el cansancio pudo conmigo y me quedé dormida. Sé que mis padres me despertaron para que contemplara un preciosísimo valle repleto de palmeras. Jamás había visto tantísimas palmeras juntas. Allí estuvimos un rato y se nos acercaron unos niños marroquíes que nos regalaron un bonito camello hecho con hojas de palmera. Lo colocamos en la parte delantera de nuestro RAV-4, y fue nuestra mascota durante el resto del viaje.
Otra de las cosas que más me han gustado de este viaje es que mi Madre nos ha dejado hacer todas las fotos que queríamos con su máquina de fotos. Así que nos pasábamos todo el día dándole la lata para que nos la dejara y poder probar nuestras dotes artísticas.

Jamás había visto un palmeral tan bonito en toda mi vida. Jamás había visto un palmeral tan bonito en toda mi vida.
Finalmente después de este día de ruta nos dirigimos al hotel Xaluca, en Arfoud. El hotel fue precioso, las habitaciones increíbles y, sobre todo, el trato del personal fue increíble. Todos eran muy agradables con nosotros. Nada más llegar nos dimos un baño en la piscina y después nos fuimos con los monitores a las distintas actividades. El hotel era muy chuli y nos dedicamos a explorarlo por todas partes.
A la mañana siguiente nos enseñaron algo de mecánica, a limpiar algo que el coche tiene por dentro, pero realmente Daniel y yo estábamos tan cansados que, aunque pusimos cara de estar entendiendo todo, no nos enteramos de mucho. Yo creo que nadie se dio cuenta.

Mar, Daniel y yo exploramos de cabo a rabo todo el Hotel Xaluca de Arfoud.
Después de la reunión, cogimos de nuevo el coche y continuamos la aventura. Este fue el día en que vimos las primeras dunas. ¡Qué color tan bonito tenían, parecían doradas. Cuando tocamos la arena era tan suave como la arena de la playa. Además pudimos ver muchos rebaños de dromedarios en pleno desierto. Nos volvimos a dormir en el coche cuando, de repente Papá nos despertó diciéndonos que habíamos llegado a la Ciudad de Orión. Mamá empezó a sacar unos papeles que había sacado de Internet y nos contó que estábamos en la planicie de Marha, en Er Rachidia y que esta construcción tan rara se llamaba así porque estaba formada por siete torres que se situaban según la constelación de Orión (que nosotros vemos en verano cuando vamos a la playa) y lo construyó un alemán llamado Hannsjörg Voth (esto me lo ha soplado Mamá) con la ayuda de trabajadores marroquíes. Subimos a una de las torres y aunque Papá trató de convencerme de que me subiera a las demás no lo consiguió. Mamá nos contó que este arquitecto alemán buscaba la paz y la tranquilidad del desierto para desarrollar sus obras. Aquí me sentí un poco mareada, así que como siempre cogí mi glucómetro y me medí. Estaba un poco hipoglucémica, así que excusa perfecta para meterme en el cuerpo un buen aporte de glucosa.
Después continuamos la ruta llegamos a otra construcción bastante extraña llamada El caracol en forma de gran espiral y construida sobre un pozo de agua. Mamá nos contó además que en la parte interna el arquitecto alemán tiene su casa. Un sitio un poco extraño para vivir, pero bueno. Después continuamos la ruta hasta la llamada Escalera celeste, una construcción también de este arquitecto, que parece un observatorio meteorológico, con 52 peldaños. Menos mal que había comido algo, porque si no imposible subir. A la sombrita de esta escalera aprovechamos para abrir nuestra mesa y sacar la comida. Como siempre no hubo demasiada variedad, eso sí, Mar traía pizza que calentó al sol del desierto.
Después de la comida continuamos la ruta hacia el Hotel Xaluca, y nos incorporamos a las actividades que los monitores nos tenían preparadas. Preparamos un regalo precioso para el día del padre: una botella de arena que pintamos con pinturas. Mamá nos regañó luego un poco porque nos pusimos perdidos, pero, ¡lo pasamos de bien! Con toda la actividad del día me volvió a dar un bajón de azúcar así que Alberto, el monitor le robó a Luis un batido y me lo tomé con unas ganas. Tenía que decirle a Mamá que al día siguiente bajáramos la dosis de Lantus, la insulina lenta que me inyecto por las mañanas.



En medio de la planicie de Marha, en Er Rachidia, visitamos la Ciudad de Orión, El caracol y La escalera celeste, donde paramos para comer.
Después de comer proseguimos nuestro viaje y nos detuvimos en una especie de oasis donde estuvimos jugando y divirtiéndonos de lo lindo con la arena. A esta altura del viaje los niños del grupo (Álvaro, Marina, Javier, Mar, Pablo, Carlos, Daniel y yo) éramos ya buenos amigos y nos encontrábamos muy a gusto juntos. Como Don Federico nos dijo que teníamos que preparar una actuación empezamos a ensayar. Javier fue un auténtico poeta componiendo los versos del rap, y los demás le íbamos ayudando un poco. Lo que ocurre es que el viaje era un poco duro y gran parte del tiempo nos quedábamos dormidos en el coche.

En la foto estamos de izquierda a derecha Mar, Pablo, Carlos, Javier, Yo (Raquel), Álvaro, mi hermano Daniel y Marina.
Mi primera experiencia con las dunas fue increíble, se nos quedó el coche atascado un par de veces, y todos, y digo todos, tuvimos que empujar y quitar con las manitas la arena de las ruedas. Cuando se quedaba atascado un coche todos ayudábamos fuera de quien fuese. Lo que más me impresionó es que hasta los niños marroquíes, que salían no se sabe de dónde, también ayudaban a sacar los coches.
Pero poco a poco Papá fue adquiriendo más experiencia, eso sí, gracias a los sabios consejos de Inma, y al final ir por las dunas era algo parecido a deslizarse por la nieve. ¡Era genial!

Aquí no se me ve, pero os aseguro que estoy ahí en medio del jaleo empujando el coche como la que más. Fue de lo más divertido.
Cuando llegamos de nuevo al hotel Xaluca, nos incorporamos a las actividades. Después de tantísima actividad, tuvimos una cena de lo más animada. Además gracias a lo ajetreado del día pude permitirme algún exceso en el postre. ¡Qué ricos están los dulces de Marruecos! Además, mientras estábamos cenando, de repente apareció en el comedor del hotel un dromedario. Menudo susto nos llevamos. Marina, Dani y yo nos acercamos a acariciarlo, ¡qué de pelo tienen!

Esta soy yo durante la cena, como habíamos tenido tanta actividad durante el día pude permitirme algún exceso en el postre. ¡Qué bueno es hacer ejercicio para los diabéticos!
Además podéis ver cómo nos acercamos a acariciar al dromedario que apareció durante la cena

Estábamos ya muertos de sueño pero tuvimos que reunirnos los niños del grupo 6 (el de Don Federico) para ensayar la función. Hubo sus más y sus menos, pero al final reinó la cordura y pudimos ensayar un poquito y poner en orden qué estrofa cantaría cada no de nosotros. Habíamos decidido cantar un rap titulado el rap del desierto, y una canción, la de Don Federico mató a su mujer, pero hubo quien no quiso que la incluyéramos en el repertorio y decidimos suprimirla. Fue una pena porque Daniel iba a disfrazarse de Don Federico y nos hubiéramos reído mucho.

Después de cenar los miembros del grupo 6 nos reunimos para ensayar la Función. Por fin parecía que estábamos todos de acuerdo.
El día siguiente (18 de marzo de 2008) fue uno de los más inolvidables de mi vida. Nos levantamos temprano, como siempre y después de un espléndido desayuno en el hotel Xaluca, donde no faltó de nada, con el rutómetro en mano nos dirigimos hacia Merzouga, donde visitamos la primera escuela. El calor era sofocante, pero eso no mitigó la ilusión que todos pusimos en la descarga de material escolar, pelotas y material de higiene dental del camión de Figu. Entre todos los niños formamos dos filas y fuimos descargando todo el material, eso sí, los mayores nos ayudaban a sacarlo del camión. Cuando el trabajo estuvo terminado nos dieron unas botellitas de agua para recuperarnos e hidratarnos bien. Después de terminar visité algunas de las clases de los niños marroquíes. Me quedé atónita, no se parecían a mi cole en Madrid. Las clases eran muy pobres, y carecían de muchas de las cosas que cualquier niño de España tiene. Sus pupitres eran un poco viejos, pero muy bien cuidados, sus libros estaban impecables y sus lápices supernuevos. Entonces es cuando empecé a comprender la cantidad de cosas que nos sobran a nosotros. Además si estos niños iban a la escuela eran unos privilegiados, porque fuera había otros muchos que no tenían la oportunidad de asistir a clases. En las aulas repartimos caramelos y algunos juguetes y sus caras cambiaron y expresaban un profundo agradecimiento.

El calor no nos hizo desfallecer en la descarga de material del camión de Figu. Todos los niños colaboramos con ilusión.
Después visitamos las clases de la escuela y nos hicimos fotos con algunos de los niños.


Descargamos el camión en la escuela de Taouz con entusiasmo y después tomamos unos bizcochos que estaban deliciosos.

Continuamos la ruta hacia la siguiente escuela en Taouz. Esta escuela me pareció que tenía mejores instalaciones. Las aulas estaban mejor preparadas e incluso tenían aula de informática: compartían un ordenador entre tres alumnos aunque no disponían de Internet. Aunque estábamos ya un poco cansados y hacía mucho calor, descargamos con la misma ilusión todo el material. Al acabar nos habían preparado té moro con unos pastelitos. Como estaba un poco hipoglucémica después de tanta actividad me tomé un trozo de bizcocho que me supo a gloria. Después, una vez que repusimos las fuerzas nos dirigimos a la última escuela, la de Ouzina, y descargamos sin desfallecer el material que nos quedaba. Para llegar hasta aquí muchos coches se quedaron enganchados en la arena. Esta última escuela era la más pobre que habíamos visitado, pero fue donde recibimos las sonrisas de los niños marroquíes más bonitas.
Además entramos a visitar una de las viviendas en las que vivían y me quedé sorprendida. No se parecía en nada a mi casa, era pequeña y no tenía ninguna comodidad; Por no tener no tenía ni agua. Hasta ahora no sabía que se podía vivir sin agua en las casas. Eso sí, estaba todo superordenado. Comprendí entonces una lección: se puede vivir sin televisión, sin DVD y sin tantos juguetes como tenemos los niños españoles. En realidad tenemos muchas cosas que no necesitamos. Cuando terminamos de descargar el material comenzó a levantarse mucho viento, nos dijo Don Federico que era una tormenta de arena. Al principio parecía divertido, pero tuvimos que comprar un turbante para protegernos porque la arena se metía por todas partes y hacía daño. Así que Don Federico e Inma nos llevaron a un albergue para descansar y poder almorzar.

Aunque no lo parezca, esta soy yo. Inma me enseñó cómo se coloca el turbante y pude protegerme de la tormenta de arena.
Esa noche teníamos que cenar y dormir en khaimas bereberes, pero la tormenta de arena impidió que cenáramos en allí y nos llevaron a otro albergue para cenar. Después todos juntos en caravana nos fuimos a las khaimas a dormir.


(Dormimos en la khaima 22 y fue muy divertido, pero realmente pensé que una noche no está mal, pero dormir aquí todas las noches como lo hacen los marroquíes que viven en el desierto debe ser muy duro. A la mañana siguiente, como es costumbre, antes de desayunar he de medir mi nivel de glucemia con mi glucómetro, un aparato mágico que me acompaña a todas partes donde voy)
Allí estaba Inma que nos indicó que nuestra khaima era la 22, nos instalamos y dormimos como reyes, después de un día tan agotador.
A la mañana siguiente desayunamos en la khaima restaurante y preparamos el siguiente día de ruta. Este día fue bastante interesante, tuvimos que pasar mucha zona de arena y muchos coches se iban quedando atrapados, pasamos por una extensa zona de un color bastante oscuro que se llamaba una hammada. Papá se pasó medio viaje hinchando y deshinchando las ruedas. Intentó explicarme por qué lo hacía pero no lo comprendí del todo. Durante todo el camino yo iba en el coche estudiando la representación, para saberme muy bien la letra que me tocaba cantar. Al terminar la ruta llegamos al hotel Tomboctou, en Merzouga. Nos incorporamos a las actividades con los monitores que nos tenían preparada una sorpresa: vinieron un montón de niños marroquíes a jugar con nosotros. Lo pasamos genial. Después de un día tan duro nos fuimos a descansar.

Cada vez que tenía un huequecito aprovechaba para aprenderme la letra de nuestro rap. Además tenía que reponer fuerzas de vez en cuando, porque había muchas actividades.
A la mañana siguiente después de un gran desayuno, Nacho Salvador intentó organizarnos a todos para hacernos la foto de grupo. Supongo que saldría una foto genial que veremos colgada en la página. Luego le pedí la cámara a Mamá para fotografiar a los monitores. Salieron unas fotos muy chulas que voy a poner en mi habitación. Me gustaría aprovechar para dar las gracias a todos ellos, y de una forma muy especial a Alberto, que ha me ha ayudado mucho dándome buenos consejos, ya que ambos compartimos que somos muy especiales, somos diabéticos.

Nacho desde el coche daba órdenes para colocar todo y que la foto de grupo saliera bonita, pero seguro que mi foto de los monitores salió mejor. ¿Verdad?

El día siguiente lo dedicamos a hacer dunas. Primero se subió Inma en nuestro coche y estuvo un rato explicándole cosas a Papá, mientras nosotros jugábamos en la arena y perseguíamos a los escarabajos. Debió explicárselo muy bien porque cuando ya nos subimos fue superdivertido. La subida y la bajada de las dunas era como montar en la montaña rusa, te entraban unas cosquillitas geniales en la barriga. Mientras Papá decidía por dónde subía y bajaba y Mamá se agarraba al coche como podía, Daniel y yo íbamos chillando en el coche. ¡Qué divertido, era mejor que el parque de atracciones!

Yo me dediqué a jugar en la arena, bien protegida del sol con crema solar, aunque Mamá tuvo que venir a traerme la gorra porque se me olvidó en el coche, mientras Inma le explicaba a Papá cómo conducir por las dunas.

Me quedé atónita al comprobar que la mayoría de los niños andan descalzos por el desierto y tienen que andar muchísimo para poder ir a la escuela. Yo que me quejo cuando ando dos pasos y medio.
Otra cosa que me sorprendió de este viaje es que en cualquier momento, estés donde estés, aparecen unos marroquíes y montan una tienda en un periquete. Compramos un montón de fósiles, que luego he regalado a mis amigos en Madrid.

Cualquier sitio es bueno para montar el mercadillo. Lo de regatear me pareció la cosa más difícil del mundo.
Cuando volvimos al hotel, nos encontramos con una sorpresa. Los monitores nos habían preparado una tirolina. Inma fue la primera en probarla y lo hizo genial. Daniel y yo nos tiramos un montón de veces, no me dio ningún miedo. ¡Fue divertidísimo!
Después de una cena riquísima y tuvimos la representación de cada uno de los grupos. Me encantaron todas las actuaciones, pero creo que el grupo 6, el de Don Federico fue el mejor de todos, porque no nos ayudaron los padres y lo hicimos genial.




Inma fue la primera en probar la tirolina. Figu y Alberto nos ayudaban a subir al camión de Acuarios desde donde nos tirábamos. Luego una vez abajo Charlie nos ayudaba a aterrizar. ¿Qué bien lo pasamos!
A la mañana siguiente mis padres me levantaron a las 5 de la mañana. Nos fuimos en dromedario a ver amanecer en el desierto. Pasamos un frío de muerte pero mereció la pena el frío y el madrugón. El amanecer en el desierto fue precioso.
Después de desayunar, recogimos todo, cargamos el coche y nos dirigimos hacia el Oasis de los niños. Me explicaron que un oasis es una zona en medio del desierto en la que crece vegetación. Durante los años anteriores los niños habían plantado muchas palmeras. Este año plantamos con mucho mimo unas cuantas. Daniel y yo plantamos una, hicimos el agujero, la colocamos cuidadosamente y esperamos a que la regasen. Seguro que el año que viene habrá crecido un montón porque pusimos mucha ilusión. Además nos hicimos una foto todos los miembros del grupo 6, el grupo de Don Federico.

Con mucho esmero Daniel y yo, con ayuda de Alberto, plantamos nuestra palmera en el Oasis de los niños. Que chulada, seguro que el año que viene estará muy grande. Luego nos hicimos una foto todo el grupo 6.

Desde aquí hasta la entrada en el barco en el puerto de Nador, no me acuerdo de mucho, me quedé dormida. Me desperté una vez y vi que estaba nevando. Papá me dijo que estábamos atravesando el Atlas. Estaba todo precioso.
Una vez en el puerto no tardamos en embarcar, cenamos en el barco, dormimos en las literas de un camarote y a la mañana siguiente estábamos en Almería. En realidad me daba mucha pena porque el viaje había sido toda una gran aventura. Una experiencia increíble, que me ha permitido descubrir que Marruecos es un país diferente, en el que los niños tienen muchas necesidades y nosotros hemos contribuido a ayudarles un poquito para que puedan estudiar un poco mejor y tengan la oportunidad de hacer ago tan sencillo para nosotros, lavarnos los dientes y enjuagarnos la boca. La última cosa divertida que nos ocurrió es que quedamos a desayunar en una cafetería de Almería unos cuantos del grupo 6 que ya somos amigos porque hemos compartido un viaje alucinante y muchas cosas por la emisora (R que sí) y nos tronchábamos de risa cuando vimos el cartel del autobús. Mirad la foto y lo comprobaréis.

Después de tanto R y R que sí en la emisora, casi me muero de risa cuando vi el autobús de Almería. ¿A que os mola?
Espero que os haya gustado mi crónica de este viaje, agradecer a todos los que la han organizado que me hayan permitido participar. Es una experiencia que no olvidaré en mi vida. Todo un reto saber que una niña diabética es capaz de vivir una aventura semejante. Espero que el año que viene podamos asistir de nuevo. Gracias.
Raquel Bastardés
…..:: DIARIO DE UN MONITOR ::……
Cómo transcurre un día de Martín en el Desierto De los Niños 2008
7:30 — Suena Jammu Africa de Ismael Lo, me despierta… ¿Dónde estoy? Siempre que salgo fuera de casa me pasa lo mismo, me levanto desorientado sin saber donde me encuentro. Nada más ver la habitación (decorada como los palacios de los cuentos de las mil y una noches) y la cama enorme sobre la que todavía estoy acostado enseguida caigo… Estoy en el Tomboctu, ese estupendo hotel situado al pie de Erg Chebbi. Recuerdo también que esa canción que suena de fondo no es nada más y nada menos que el movil de Paty funcionando a modo de despertador.
7:40 — Despejado el atontamiento inicial, veo que Luis ya está en pie y que Jacobo, como siempre, está apurando sus últimos minutos de cama, aunque luego, y no se muy bien como, siempre es el primero en salir de la habitación. Pero hoy todo el mundo va a buen ritmo, hoy nos esperan las dunas.
Que cansado me encuentro… ayer volvimos a terminar tardísimo… ¿qué hora era? ¿las 2 de la mañana? ¿las 3? Ni me acuerdo… Se que estuvimos preparando, las actividades para hoy, es la noche del espectáculo de los niños y había que tenerlo todo muy preparado y pasamos horas discutiendo como sería la mejor manera de hacerlo y que podíamos hacer si volvía la tormenta de arena y nos recluye de nuevo al interior del hotel como ya ha pasado.
Después tuvimos que elegir los ganadores de los dibujos, lo cual tampoco fue tarea fácil, de echo tardamos bastante en llegar a una conclusión final. Mientras, encomendamos a Jacobo la tarea de ser el juez de los relatos, que para eso es doctor!. Para colmo, cuando parece que podemos ir a dormir, Alberto se arranca con unos chistes «de los suyos» y todavía estamos otro buen rato en el salón del Tomboctu… Y así toda la semana, no me extraña que este tan cansado, medio constipado y con estomago «marroquí», como nosotros lo llamamos (seguro que ya os imagináis lo que es…) Bueno, hoy por lo menos he dormido casi 4 horas…
7:50 — Salimos de la habitación… me suena el «walkie» (estas no son horas!!) son Coke y Pati saliendo de su habitación y dándonos los buenos días. Vaya, a este paso nos quedan solo 5 minutos para desayunar…. a las 8:15 tenemos el breafing de organización e inmediatamente después el breafing de nuestro grupo y todavía hay que cargar las maletas en el coche!! La verdad es que ya no se ni cuantos breafings diarios tenemos, ¿será necesario hablar de tantas cosas? Sólo se que como llegue tarde a este, la bronca de Fede no me la quita ni Dios…
8:15 — Breafing de la organización, todavía estoy masticando un croasan y creo que me he tirado el café encima, pero he llegado. Este es el breafing más largo que tenemos, es el día de dunas y la seguridad es del tema que más se habla.
9:00 — Breafing con nuestro grupo (creo que la palabra que más se va a repetir a lo largo de este relato es «breafing») Luis explica al grupo las indicaciones que se nos han dado en el breafing de la organización y revela el trazado de una nueva ruta «secreta» que vamos a seguir. Mientras me voy encendiendo las emisoras (que sería de nosotros sin ellas…) y poniendo en orden el GPS, a ver que se cuenta, aunque la verdad, a estas alturas casi conocemos a todas las dunas por su nombre y apellidos!!
10:20 — Llevamos ya un rato en el coche, y mi estomago me hace saber con un soberano retortijón que hoy va a ser un día duro. Pero una vez que la primera rueda del Santa Fe entra en contacto con la arena, se pasan todos los dolores… A deshinchar ruedas!!! Como me gusta la arena, solo me falta el «cubito» y la pala!!
11:00 — El grupo se mueve estupendamente por esta duna baja, llevamos un ritmo estupendo… pero de repente se ven unos coches a lo lejos haciéndonos señas… No estamos muy seguros de si quieren que vayamos o que no nos acerquemos, pero enseguida escucho por la emisora una llamada de emergencia. Tienen un problema mecánico grave, un coche inclinado y otro a punto de chocar contra este último. Llevan en ese mismo sitio más de 2 horas… Vamos hacia allá, como mi dice mi amigo Jordi… «es la ley del desierto».
11:30 — Una vez echo un plan para sacar a los 3 coches atrancados (uno de ellos con un problema mecánico) vemos llegar a lo lejos a los grupos de Nacho y Lucas junto con Jorge que paran dispuestos a echarnos una mano y solucionar el problema lo antes posible.
13:00 — Con la ayuda de todos y después de superar varios percances extra, por fin salimos de allí habiendo hecho nuevos amigos del clan de «los sin reductora». La verdad es que hemos perdido mucho tiempo, a los niños no parece haberles afectado mucho, están encantados jugando con la arena y correteando de un lado para otro, pero vamos a intentar parar pronto para comer y poder aprovechar más después.
16:00 — La gran duna… Con todas las veces que he estado aquí, nunca había llegado hasta la gran duna, son las consecuencias de venir a trabajar… es increíble, en estos momentos, así como ayer con los niños de Merzouga o como cuando uno de «nuestros» niños te cuenta lo bien que se lo ha pasado jugando al Mamut, es cuando piensas que a pesar del palizón que te metes, estos viajes merecen la pena. Figu, Alberto e Inma ya deben haber montado la tirolina… deberíamos ir hacia el hotel…
17:30 — Llegamos al hotel, nos lo hemos pasado pipa… pero ahora toca cambiar el chip, olvidarse de los coches y dedicarse a que los niños se lo pasen bien… aunque la verdad… los primeros que lo pasamos bien jugando somos nosotros!! Le digo a Charly que le voy a sustituir en la tirolina, porque el está con un estomago más «marroquí» que el mio y no se encuentra muy bien. También liberamos a Jorge Peñas y Sergi de sus tareas, que nos han echado una mano con este tema. Me encanta ver la cara que ponen los niños al tirarse de la tirolina… nunca sabes si es diversión o miedo, pero se lo deben pasar bien porque todos quieren repetir… Se empieza a levantar viento…
19:30 — Alberto, Figu y yo recogemos la tirolina, mientras el resto de los monitores preparan algún juego antes de ir a cenar. Definitivamente, esto es una tormenta de arena en toda regla, menos mal que anoche lo preparamos todo para que esto no afectase a nuestros planes…
20:30 — A penas cenamos nada, porque hay que preparar nuestro espectáculo. Los niños han estado trabajando para tener los suyos preparados y nosotros no podemos ser menos, es lo justo. Alberto, Coke y Charly son los que más responsabilidad tienen y no pueden ocultar que están un poco nerviosos, pero bueno, todo tiene que salir bien, habíamos dedicado ya mucho tiempo a ensayarlo antes de venir a Marruecos.
23:00 — La noche de espectáculos ha estado genial, ha habido actuaciones de todo tipo y todas muy divertidas, la verdad que he disfrutado y he de reconocer que me siento orgulloso de que tanto padres como niños se hayan implicado tanto y hayan trabajado tanto para hacer que esta noche, en realidad la última noche, fuera tan divertida…. ¿qué toca ahora? ah si… un breafing!!! El breafing de monitores, pero este va a ser relajado… hoy era el último día de actividades… no me lo puedo creer, me da pena dejar de trabajar!!
1:00 — Hoy hemos terminado pronto, hemos estado un rato contando anécdotas, cotilleos y riéndonos con los chicos más mayores. Vamos a descansar… que mañana es el peor día de todos… La vuelta a casa…
Martín Dominguez ….. Monitor
¡¡Aquí os dejamos algunos «RAP» de los grupos en su función final!!
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