II Travesía Toyota Kobe Motor 2004

Fechas

Diciembre 2004

Lugar

GENIAL, es la palabra que define la II Travesía de Toyota Kobe 4×4 por Marruecos, del 3 al 11 de Diciembre de 2004. Y fue genial por todo: por los participantes y el ambiente que se formó, por las rutas de cada día y los maravillosos paisajes y gentes, por los coches que no dieron problemas apenas, en fin …. por todo!!
En esta ocasión la travesía estuvo compuesta por 37 personas y 17 coches, de los cuales uno no era Toyota debido a que a última hora no se pudo disponer de una Land Cruiser, y Jose tuvo que venir con su coche.

Toyota Kobe Motor, en su línea de gran apoyo a las actividades del club,  hizo un gran esfuerzo consiguiendo 4 vehículos para la travesía.

Especial mención a Victoria, que ha elaborado la crónica del viaje, publicada íntegramente, y a Roberto, que ha contribuido con gran cantidad de fotos que figuran en estas páginas.

Crónica, por Victoria López

Viernes, 3 de diciembre de 2004.

 Después de un año de larga espera, al fin ha llegado el momento de volver a Marruecos. Los días anteriores a nuestra marcha han sido muy ajetreados preparando todo lo necesario para el viaje pero, ¡por fin!, hoy viernes a las 13 h hemos conseguido salir de casa. Además de nuestro equipaje y comida, llevamos el coche cargado de ropa, zapatos, juguetes, libretas, bolígrafos, material sanitario …., todo ello para repartirlo en Marruecos.

 Este año el grupo es un poco más extenso que el del año pasado, en total 17 coches y 37 personas : Federico e Inma, los organizadores; Raúl y Mª José y Carlos y Mª Mar, adjuntos a la organización; Francisco y Toñi, , Francisco y Mercedes, Roberto y Almudena, Francisco y Ángel, Alberto y Bárbara, Antonio y Mª Luz, Eduardo y Mª Teresa, Pedro e Iván, Carlos y Teresa, Óscar y Olga, Pedro y Lillian, José Mª y Marta, Francisco y sus dos hijos, Ana y Francisco Javier;  y nosotros : Vicente y Victoria, este año acompañados por nuestras hijas Patricia y Silvia. De los participantes en la primera travesía a Marruecos de Toyota Kobe Motor sólo han faltado Alberto y Concha, que no pueden hacer el viaje porque ahora tienen un pequeño agregado(a), que no ha querido esperar a que sus padres vuelvan del viaje para hacer acto de presencia.

Este año cruzamos el Estrecho el viernes por la noche, por lo que vamos a ganar unas cuantas horas al recorrido del primer día. Sobre las 22,30 h hemos llegado a Ceuta y después de repostar nos hemos dirigido a la frontera, donde los trámites, seguramente debido a que era de noche, han sido algo más rápidos que el año pasado. 

Por fin, sobre la 1,30 h, ya por horario marroquí, hemos llegado al hotel, y sin ni siquiera dejar los equipajes en las habitaciones hemos cenado, bastante bien por cierto,  y nos hemos acostado sobre las  2,30 h.
 

Sábado, 4 de diciembre.

Hoy ha sido el primer madrugón, costumbre que me temo que no nos va a abandonar durante todo el viaje. Poco más tarde de las siete emprendemos camino, que en el día de hoy será de 614 km,  todos ellos por carretera asfaltada y que nos llevará hasta la ciudad de Er Rachidia.

 Cuando salimos del hotel nos dirigimos hasta Tetuán y desde allí nos vamos adentrando en el interior de Marruecos, cruzando las montañas del Rift por unas carreteras bastantes estrechas, sinuosas y, que debido a la lluvia, tienen el firme muy deslizante. El paisaje no es el que en principio cabe imaginar para Marruecos, ya que es muy verde, lo que le hace muy similar al del norte de España. Hemos observado algo muy curioso, se ven multitud de niños, algunos de ellos muy pequeños, que van andando solos por la carretera, algo que resulta muy sorprendente, ya que no podemos imaginar esa misma situación en las carreteras españolas.

 Después de pasar por paisajes de montaña el terreno se va haciendo cada vez más llano y poco después del medio día llegamos a Fes, ciudad bastante grande en donde hemos encontrado un guía para dar una vuelta por la medina. Estos curiosos personajes se desplazan en ciclomotor por las carreteras de entrada a la ciudad y van a la caza y captura de los turistas ofreciéndoles sus servicios como “guías de turismo”. Cuando se ha llegado a un acuerdo con respecto al precio que se les va a pagar por sus servicios, dejamos los coches en un aparcamiento “vigilado” por otro individuo, al que también se le paga para que los cuide. ¡Aquí cada uno se busca la vida como puede!. 

Después de contemplar la panorámica de la ciudad desde un mirador, comenzamos una visita andando por la medina, con sus calles estrechísimas y empinadas, cada una de ellas dedicadas a una actividad “comercial” distinta : alimentación, ropa, calzado, artesanía… La vuelta por la medina es corta y además comienza a llover, por lo que rápidamente volvemos a los coches, no sin antes visitar un sitio en donde se curten pieles, lugar un poco desagradable debido al olor, pero muy curioso de ver.

 Continuamos el camino todavía lloviendo y paramos a repostar en Ifrane, pueblo que más parece ser centroeuropeo que del norte de África, ya que sus edificaciones son más típicas del paisaje alpino que del marroquí. Proseguimos camino y empezamos a atravesar un  impresionante bosque de cedros que, teóricamente, es un espacio natural protegido, pero en el que no dejan de hacerse talas ilegales. Además, y según las explicaciones de Inma del año pasado, es aquí donde existe la única colonia de monos que hay en territorio marroquí. 

 Es paisaje es sobrecogedor, es una grandísima llanura a gran altura, que oscila entre los 1.800 y 2.000 metros de altitud, en la que se ven superficies nevadas, aunque no hay tanta nieve como el año pasado, que no dejamos de verla durante más de cien kilómetros. Más tarde comenzamos la bajada, ahora llena de curvas, para ir acercándonos a Midelt,  para después, y atravesando el Alto Atlas, ir acercándonos hasta  Er Rachidia,  final de nuestra etapa del día de hoy.

 Es una lástima que, debido a que ya ha anochecido, no podamos ver el espléndido paisaje de “les gorges du Ziz”, cañón por el que discurre el río, que baja entre tierras pedregosas, pero que en sus orillas crecen multitud de palmeras y hay mucha vegetación.

Sobre las 19 h llegamos al hotel en Er Rachidia, ciudad bastante grande pero que no parece tener mucho encanto.

Domingo, 5 de diciembre de 2004.

La ruta prevista para el día de hoy consta de 60 km de carretera asfaltada, para más tarde llegar a la primera pista que nos llevará directamente a las dunas de Erg Chebbi.

 Cuando salimos de Er Rachidia, a la derecha de la carretera, se extiende un oasis de gran extensión situado dentro del cañón que hace el rio Ziz, en un paisaje que, y sobre todo debido a la luz de primera hora de la mañana, parece que ha sido sacado de una postal.

Pronto llegamos a donde se acaba la carretera y donde comienza nuestra verdadera aventura por Marruecos. 

 Este año como el grupo es muy numeroso, y con el objeto de agilizar la marcha,  se han hecho tres equipos, cada uno de ellos con un jefe: Raúl en el grupo 1, Carlos en el grupo 2 y Federico en el grupo 3. 

Comenzamos por los cinco primeros kilómetros de pista por la que circulamos el año pasado, pero que pronto abandonamos para poder llegar cuanto antes a las dunas de Erg Chebbi y poder disfrutar el mayor tiempo posible de la conducción por dunas. Es también en esta pista en donde aparecen los primeros niños a los que entregamos los regalos y donde también aparecen las primeras lágrimas de algunos de nosotros, como Bárbara o Mª Mar,  quienes, a pesar de lo que les habíamos contado, no podían imaginarse la sonrisa en la cara de los niños después de recibir los regalos. 

 A primera hora del día el tiempo ha sido bastante bueno, pero a medida que nos vamos acercando a las dunas el cielo se está nublando y amenaza lluvia. Antes de comenzar a circular por las dunas se hace necesario desinflar los neumáticos para que las ruedas tengan una mayor superficie de rodadura y sea más fácil circular por la arena.

 Curiosamente al poco tiempo de empezar a andar por las dunas comienza a llover, ¡es increíble, estamos en el desierto y no para de llover!.

 El paisaje con la lluvia en las dunas, aunque curioso,  queda un poco deslucido, ya que este mismo lugar con sol ofrece un bello contraste entre el azul del cielo y el  color de la arena.

Vamos retrasando la hora de la comida porque no encontramos ningún momento en el que deje de llover, hasta que nos encontramos a los del grupo 1, que se han montado un chiringuito resguardándose debajo de una lona que han colocado entre los coches. Paramos y comemos con ellos, mientras que el grupo 3 llega a la hora del café. Al final de la comida la lluvia arrecia por lo que rápidamente tenemos que recoger el tenderete y marcharnos rápidamente.

Está atardeciendo y ha dejado de llover, abriéndose claros en el cielo por los que se cuelan los  rayos de sol; además ha salido el arco iris sobre las dunas, lo que hace que el paisaje sea realmente espectacular.

Cuando ya ha anochecido llegamos al albergue Tombouctou, que, por una avería en el generador, está totalmente a oscuras, por lo que tenemos que buscar las habitaciones e instalarnos a la luz de las velas, pero pronto la avería queda solucionada. Mientras nos instalamos en el albergue se van inflando los neumáticos de los coches, para después la mayoría acercarnos a repostar a Rissani. Volvemos justo a la hora de la cena, que puedo decir que es magnífica, además acompañada por música bereber.

Lunes, 6 de diciembre de 2004.

 Hemos tenido que madrugar un poco más de lo habitual, pues la ruta prevista para el día de hoy es muy larga : 265 km (238 de pista y 27 de asfalto). Después de circular durante bastantes kilómetros por pistas bastante rápidas, llegamos a Er Remila donde, a la salida del pueblo, comienza una zona bastante divertida, ya que se trata de ascender por el cauce de un río de arena.  Este año se ha hecho de forma más rápida, ya que la arena parece que está más compacta, por lo que, al menos en nuestro grupo, no se queda ningún coche atascado.

 Después de pasar el río de arena continuamos circulando por pistas en muy buen estado, que nos llevan directamente a Tafraute, en donde, y aunque llegamos bastante temprano, los encargados del albergue nos sacan las mesas para que podamos comer al sol. Como terminamos de comer temprano no se ven niños, ya que están todavía en la escuela, por lo que somos nosotros los que vamos a ir allí a darles los regalos que traemos  para ellos. 

 Éste es para mí el momento más emotivo de todo el viaje, los niños más pequeños están en clase y somos nosotros los que entramos en las aulas para repartir los obsequios que traemos. Mis hijas, llorando a lágrima viva, reparten los juguetes que les han traído, lo mismo que todos los demás que, muy emocionados,  en las aulas y en el patio de la escuela les van dando sus regalos.

Con el corazón en un puño abandonamos Tafraute para proseguir camino, que al principio nos lleva por grandes llanuras en las que circulamos por pistas rápidas, para más tarde, y después de pasar un control militar, circular por dos puertos naturales de montaña, con curvas muy cerradas y llenos de piedras, al igual que el resto de todo lo que alcanzaba a ver nuestra vista.

 Poco antes de llegar al palmeral de Tagounite, en el paso de un pueblo y coincidiendo con la salida de niños de la escuela, algunos de ellos, enfadados porque no nos hemos detenido, han empezado a tirar piedras a los coches, con tan buena puntería (mala para nosotros) que han roto la luna trasera del coche de Fran Cubo. A la salida del pueblo hemos parado y con cinta adhesiva se han sujetado provisionalmente los cristales para que no se cayeran, aunque en el hotel más tarde se sujetarán con cinta americana que, al tener el mismo color que el coche, le da un aspecto de coche de carreras.

 Paramos en Tagounite a repostar para continuar camino por carretera hasta el pueblo de M’Hamid en donde nos alojamos en el precioso hotel Kashah Azalay. Debido a que el hotel tiene pocas habitaciones cinco parejas tienen que dormir en haimas, que están curiosamente decoradas, al igual que las habitaciones, aunque son más frías que éstas.

Martes 7 de diciembre de 2004.

 Debido a que las apetencias de la mayoría de la gente se inclinaban a circular más por dunas, sobre la marcha se ha cambiado el itinerario previsto para el día de hoy, que inicialmente bordeaba las dunas para después llegar a la entrada del lago Iriki. En vez de bordearlas, las hemos atravesado, circulando durante 24 km por dentro de ellas, lo que ha servido para que todos quedemos satisfechos de dunas.

 Debido a que la circulación por la arena es mucho más lenta que por pistas, sobre las 3 de la tarde hemos llegado a la entrada del lago Iriki, en donde hemos vuelto a inflar los neumáticos, mientras aprovechábamos para hacer una comida rápida.

 Ya al atardecer hemos entrado en el lago Iriki, en donde este año ha habido que circular más despacio que el año pasado, ya que el sol nos daba en los ojos y la visibilidad era bastante escasa.

Según el rutómetro había que salir del Iriki por la misma pista por la que lo hicimos el año pasado, pero debido a que se nos ha echado la noche encima ha habido que improvisar una ruta nueva, que pasaba por encontrar una pista más corta que nos llevara a la carretera. Ha habido un momento en que estábamos un poco desorientados, pero al final hemos encontrado la pista, no sin la ayuda de un lugareño que ha ido indicando el camino al equipo 1 y éstos han ido pasando los nuevos way points al resto de los grupos.

 Finalmente y con noche cerrada hemos llegado a la carretera y continuado camino hasta el hotel Relais de Sables en Tata, en donde hemos pasado la noche.

Miércoles 8 de diciembre de 2004.

 Para no perder la costumbre nos hemos levantado muy temprano, ya que nos esperan más de 200 km por carretera hasta llegar a Assa, lugar en donde cogeremos ya pista.

 Salimos con un poco de retraso con respecto a los otros grupos porque ha habido que arreglar una rueda pinchada del coche de Fran y Mercedes, pero a las 7,45 h. Cogemos ya la carretera, que a esas horas tan tempranas está llena de niños que van al colegio. Hay una cosa muy curiosa es que vemos niños que van al colegio antes de las 8 de la mañana, pero según vamos pasando por los pueblos, a las 9, a las 9,30 e incluso a las 10 de la mañana, seguimos viendo a niños que entran en el colegio, No sé la razón por la que hay horarios tan dispares en la entrada de los colegios, aunque hay alguien que apunta, que la causa es que al haber tantos niños en los pueblos tienen que establecer turnos para que todos puedan ir al colegio.

 Después de repostar y comprar pan en Assa comenzamos la pista del día de hoy. Nada más salir del pueblo nos encontramos con las primeras, de las muchísimas langostas que nos vamos a encontrar durante el día. El camino va intercalándose con  trozos de pista rápida y otros llenos de piedras. 
 Encontramos al grupo 1 que están arreglando unos de sus coches que, en un gran bache de lo que parece ser un lago seco, ha roto un muelle de un amortiguador, avería que consiguen reparar.

Pronto nos encontramos con el cauce del río Draa que en estos parajes discurre totalmente seco. Hemos tenido unas cuantas “desorientaciones”, pero conseguimos encontrar el paso que nos llevará hacia la pista buena, que discurre por las orillas del Draa, que en algunos momentos se hacen muy escarpadas.

 Este trozo de pista es bastante variado, ya que nos encontramos zonas muy rápidas, pero también zonas mucho más lentas. Paramos a hacer una fotos a un rebaño de camellos, que incluso tiene crías, y después en un poblado abandonado en donde vemos unas casas-cuevas excavadas en la tierra, algunas de ellas conservan todavía la techumbre de palos cruzados cubiertos de ramaje.

Proseguimos el camino y paramos a comer en el lugar que estaba previsto, donde ya han llegado los miembros del grupo 3. Instalamos nuestra “gran mesa de comedor”, compuesta por mantas en las que cada uno vamos llevando nuestra comida que será compartida por todos. Este día la comida se hace de forma más reposada, parecida a las que hacíamos el año pasado, cuando íbamos más tranquilos.

 Después de comer seguimos camino, ya a sabiendas que la noche se nos echa encima y aún nos quedan más de 120 km de pista antes de llegar al hotel.

 El camino es muy bonito, vamos circulando por las márgenes del río Draa, a veces de forma lenta, ya que el camino es complicado. Además, encontramos alguna dificultad para encontrar un paso que nos saque del cauce del río, lo que, tras algunas incursiones, conseguimos y encontramos la pista buena, que se va haciendo cada vez más rápida. Es en esta pista en la que Ana Cubo va abriéndonos camino como una experta copiloto. 

 Hay un reagrupamiento de los tres equipos, ya de noche cerrada, para poder continuar, pero ahora guiándonos con unas huellas que Federico ha metido en el ordenador. Continuamos la marcha y nos volvemos a perder, pero finalmente, con la ayuda de Carlos, Óscar y Casper conseguimos encontrar la pista buena.

 Tenemos una serie de pasos un poco complicados, que llegan a un mayor grado cuando comenzamos a descender por el cauce de un río en una bajada trialera en la que pasan los coches uno a uno con dificultad. Finalmente se consigue bajar el cauce, pero cuando llegamos abajo, y a pesar de las excursiones que tanto Oscar, Casper y Carlos hacen a ver si encuentran la pista buena no se consigue. Se quedan dos coches atascados en el barro, el de Fran Cubo y el de Ángel, que es sacado del barro gracias a la fuerza bruta de unos cuantos “todoterrenos con tracción a las dos patas” que tiran de la eslinga. 

 El tiempo va pasando y ya son las 3 de la mañana cuando se decide no seguir buscando la pista buena, reagruparnos e intentar dormir en  los coches y esperar a que amanezca para seguir camino.

 El “hotel” esta noche no puede decirse que sea muy cómodo, pero el marco en el que está situado es incomparable. Nunca había visto tantas estrellas en el cielo.

Jueves 9 de diciembre de 2004.

 Mientras la mayoría del grupo duerme, cuando comienza a amanecer, Federico e Inma, Carlos y Raúl, van en busca del camino que nos permita salir del cauce del río y continuar hasta el siguiente way point, que según el GPS sólo está a 4 km. Aunque ya es de día les cuesta un poco encontrar la salida, pero finalmente sobre las 9 de la mañana todos los coches, guiados por ellos, emprendemos el camino que ahora ya se hace más rápido.

 Después de un rato conseguimos llegar a la carretera, donde nos reagrupamos y continuamos camino hacia el pueblo de Tan Tan, en donde repostamos, arreglamos algunas ruedas pinchadas y, con bastantes horas de retraso, comenzamos la ruta que estaba revista para el día de hoy y que partía del hotel Ksar Tafnidilt, lugar muy bonito que no hemos podido disfrutar. Sin embargo, podemos decir que hemos pasado una noche bajo las estrellas durmiendo en el cauce de un río, rodeados de montañas… y eso no todo el mundo puede decirlo.

 Nos volvemos a juntar y empezamos la ruta que comienza con un pista que tiene mucha arena y que nos conducirá hasta el océano atlántico, en lo alto del acantilado de Cap Draa, lugar sobrecogedor con unas vistas extraordinarias.

 Seguimos circulando al borde del mar, pasando por cabañas de pescadores que viven allí al borde del acantilado, hasta que llegamos a una bajada que nos llevará directamente a la playa.

 Allí paramos al borde de una gran duna, en donde algunos coches y especialmente Casper y Óscar se entretienen en ver quién sube el coche más alto en la duna. Sin embargo quienes más alto suben lo hacen andando : Ángel, Agui, Silvia,  Fran Cubo e hijo, que consiguen llegar hasta lo más alto de la gran duna desde donde, y según Silvia, la vista es impresionante.

 Se vuelven a desinflar las ruedas por tercera y última vez en la travesía y se comienza a andar por Plage Blanche. Es una playa muy ancha gracias a que la marea está baja y, debido a que se corre mucho porque el suelo está muy bien,  los 30 km se hacen en muy poco tiempo, por lo que se busca enseguida la salida de la playa, en donde paramos a comer un poco mientras que se inflan las ruedas.

 Ya ha anochecido cuando abandonamos la playa y tomamos un camino alternativo, ya que la ruta prevista para el día de hoy ha tenido que ser cambiada porque la hemos comenzado muy tarde. Los organizadores deciden buscar el camino más rápido para salir a la carretera, lo que se hace por una pista, que, aunque muy polvorienta, esta muy llana porque se trata de una carretera en construcción. 

 Después de 60 km de pista salimos a la carretera y continuamos camino hasta  la ciudad de Tiznit, donde está situado el hotel Idoou, en donde vamos a pasar la noche, después de no haber podido acostarnos la noche anterior.

 Sólo bajamos a cenar unos pocos, pues algunos dicen que les va a alimentar más el sueño que la cena, aunque la cena la verdad que ha estado muy bien.

Viernes 10 de diciembre de 2004

 En teoría y según el rutómetro ya se han acabado las pistas en el viaje de este año, pero la mayoría nos resistimos a ello y preferimos tomar una pista alternativa, que discurre paralela a la carretera que nos llevará a Marrakech. En un principio cogemos la pista sin dificultad, pero llega un momento en el que no podemos encontrar la pista buena que ha de llevarnos a la carretera. Después de muchas idas y venidas, al final se encuentra la pista buena y el resto del camino se hace por pista pasando por unas aldeas en las  que hay muchos niños que se sitúan en el borde del camino para vernos pasar, y serán ellos los que van  a recoger las últimas cosas que hemos traído para repartir. 

Tenía que ser al final de la pista cuando nosotros hemos pinchado, aunque la palabra pinchar se queda corta, puesto que el neumático tiene un gran corte que no se puede arreglar. Afortunadamente ya circulamos por carretera asfaltada, por lo que la posibilidad de un nuevo pinchazo se hace más difícil.

 Sobre las 8 de la noche llegamos al hotel Atlas Marrakech, en donde vamos a dormir esta noche. 

Para poder ir de compras a la plaza Jemaa El Fna renunciamos a la cena que dan en el hotel. Sin embargo,  llegamos un poco tarde, por lo que muchas de las tiendas de la medina ya están cerradas, y no nos queda más remedio que conformarnos con sólo visitar unas cuantas que quedan abiertas, pero suficientes para conseguir lo que queríamos comprar, especialmente Alberto y Bárbara, que se han comprado media medina.

Volvemos al hotel esperando poder cenar en uno de los bares que sirven kebabs en el camino hacia los taxis, cosa que no conseguimos ya que cuando pasamos por ellos están ya cerrados, por lo que no nos queda más remedio que irnos a la cama con el estómago ligero.

Sábado 11 de diciembre de 2004.

 Comienza un día que va a ser muy largo, ya que nos separan más de 1.300 km de nuestras casas, por lo que salimos temprano de Marrakech con la intención de coger el barco en Ceuta a las 17,30 h.  Los 160 primeros kilómetros se hacen por carretera de doble sentido hasta llegar a Settat, donde cogemos ya la autopista de peaje que ha de llevarnos otra vez de vuelta al norte. Pasada la ciudad de Larache, volvemos a coger otra vez carretera, en la que hacemos una parada corta para comprar cerámicas, y posteriormente continuar camino pasando otra vez por Tetuán y de allí hasta Ceuta, punto de partida de nuestro viaje por Marruecos.

 Volvemos todos en el barco de las 18,30, con la única excepción de Fran Kobe y Toñi, que lo han hecho en el barco anterior,  ya que ellos no van a hacer el viaje de vuelta con nosotros hasta Madrid, sino que van a Extremadura y lo hacen vía Sevilla.

 La travesía de vuelta es bastante movida, dicen que hay fuerza 7 de viento (con 8 ó 9 no salen los barcos) por lo que algunos tienen que irse a la proa, que es donde dicen que se mueve menos el barco.

 Nos aguarda una gratísima sorpresa al llegar a Algeciras, Alberto y Concha nos están esperando en el puerto para darnos la bienvenida y hacer el viaje de vuelta a casa con nosotros. El encuentro es realmente emocionante, la verdad es que les hemos echado mucho de menos, pero siempre quedarán otros viajes…. También nos hemos acordado de Valerie, que, aunque no vino el año pasado, estaba previsto que este año sí que lo hiciera, pero al final no ha podido ser.

 En el puerto de Algeciras Fede empieza a perder aceite ¡qué susto! se piensa que es por la junta de la culata, pero enseguida se ve que el filtro de aceite tiene un agujero, por lo que se cambia y el problema queda solucionado.

 Ya con algunas bajas, puesto que hay algunos que emprenden el camino por su cuenta, nos dirigimos hasta el “way point” de Los Abades, área de servicio situada entre Málaga y Granada, en donde paramos el año pasado a dar cuenta de unos espléndidos huevos fritos. 

 Cenamos en Los Abades y hacemos una animada sobremesa. En el hotel algunos se quedan a dormir y otros proseguimos el camino hacia Madrid, entretenidos hablando por las emisoras, lo que hace que el camino, después del viaje realmente largo y agotador del día de hoy, se haga menos pesado.

 Nos resistimos a despedirnos por las emisoras, por lo que antes de llegar a Madrid volvemos a parar a tomarnos un café y despedirnos como tiene que ser, con muchos besos y abrazos.

 Llegamos a casa sobre las 6 de la mañana del domingo, muy cansados pero realmente contentos y en ningún modo defraudados. El refrán de “nunca segundas partes fueron buenas” en esta ocasión no ha tenido razón, ya que éste ha sido un viaje, distinto, pero no peor que el del año pasado, quizá un poco más “cañero”.

 Ya sólo nos queda esperar que pasen los 357 días que faltan para que llegue el “puente de diciembre” del año que viene, para volver a reunirnos otra vez.

 A todos os quiero dar las gracias por ser como sois, especialmente a los jefes de equipo, especialmente a nuestro Carlos y Mª Mar, que tan bien han cuidado de nosotros, aunque al final hayamos tenido que abandonarlos por ir tras las rueda de repuesto de Fede. 

 Muchos  besos a todos y ¡hasta pronto!

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