V Travesía Kobe Motor 2007

Fechas

Diciembre 2007

Lugar

65 personas, en 25 coches 4×4, hemos pasado una semana genial!!!

En este viaje tenemos varias crónicas y anécdotas escritos por distintos participantes.
Aquí os dejamos esta fantástica recopilación de aventuras.

DIARIO DE UN DROMEDARIO NOVATO

( ..: Escrito por Carlos Mayor :… )

Mes de Junio, Ruta por Galicia ….. Primer “Briefing-Drink”, Fede (El Jefe) nos empezó a enseñar fotos de Marruecos de años anteriores para empezar a ponernos los dientes largos, y eso fue lo que consiguió… Nada mas volver de Galicia y de recibir el mail de apertura de inscripciones para Marruecos, nos apuntamos.
Fede (el señor mayor con gafas, que es médico) y Javi, nos aceptaron en su equipo. Para celebrarlo, nos fuimos a cenar. Estaba decidido, seríamos integrantes de “La Cagada del Dromedario”. Estábamos a finales de Julio.

Volvemos de vacaciones y mi mujer Victoria, me confirma que no va a poder ser mi copiloto por motivos de trabajo…que tristeza más grande!!!. Me vi en la tarea de buscarme otro copiloto pero no tardé más de 10 minutos en encontrar a mi amigo Fernando.
Convenzo a Fernando y nos apuntamos en el curso de GPS que organizaban Fede e Inma. Todo genial, fue imprescindible para viajar a Marruecos. Comenzaban los preparativos que no tardaron mucho en venirse abajo. Fernando me confirma que no puede venir, que me abandona por la nueva KTM Adventure, otra gran pena, pero…en 5 minutos, ya tenia sustituto y esta vez fue el definitivo, mi amigo Nacho.

Efectuados los pagos de reserva a la Organización, nos pusimos en marcha con todos los preparativos, diseño del logotipo de equipo, diseño de camisetas, ubicación de vinilos en los coches…

Sin darnos cuenta, nos plantamos a una semana de la salida, que nervios!!!!

Por fin llego el Gran Día, 30 de Noviembre, 8 a.m., San Agustín de Guadalix. Recogemos a otro integrante del equipo, Tomás, al que luego le conocían mas por Tomás “Gordito” por sus talleres en Zamora, así como a mi por “El Tapicero”

Primera Etapa, San Agustín de Guadalix-Fnideq.

Un largo camino donde empezamos a agruparnos en un convoy, el Hermo Team capitaneado por Rafa, Tomas “Gordito”, Nacho y yo, y cerrando convoy “Aceite y Vinagre” Alberto y Lola. Llegamos a Algeciras puntuales cual ingleses. Una vez allí  el equipo creció en un coche mas, Fernando, Ana y Carlos. Ya solo faltaban dos coches para completarlo.

Tras el desembarco en Ceuta, llegamos a la frontera. Toda una odisea, estábamos alucinando, tardamos 1 hora en pasar!!! (para que luego nos quejemos de los funcionarios españoles…)

Una vez en el Hotel, nos recibieron Federico y Elena, el 4º coche integrante del equipo. Solo nos quedaba uno… En mitad de la cena, recibo un mensaje en el móvil “Último Dromedario en patera. Vamos pa´ya. MiryJavi”, YA ESTAMOS TODOS!!! Nos reunimos en nuestro primer “Briefing-Drink” y seguidamente a descansar…

Segunda Etapa, Fnideq-Khenifra. Asfalto y más asfalto.

7,30 a.m., desayuno y en marcha. Iba a ser un día duro, teníamos que hacer casi 600 Km. de asfalto, pero no le dimos ninguna importancia, ya que realizamos nuestras ya míticas paraditas para una cerveza fresquita, que en esta ocasión fue patrocinada por Meteorito. Gracias Meteorito.

El camino hasta el fin de etapa fue duro al haber tantos kilómetros de pista, pero menos mal que la Organización tenia todo calculado e hizo que nos olvidásemos con un magnifico recibimiento que nos hicieron en el hotel y la posterior fiesta en el “Night Club” del hotel, en el que alguno se divirtió mas que otros… He de decir, que los “Night Club” en Marruecos, no tienen ningún parecido a los de España, por si alguna mujer, incluida la mía, no le queda muy claro.

Tercer día, Etapa Khenifra-Boulmane. Comienza la aventura.

Bien temprano, como en días anteriores, salimos del hotel con dirección al Atlas (si Javi si, por fin el ansiado Atlas). Los equipos de Aventura tuvimos mayor suerte que los de Ruta. La nieve no obstaculizaba el camino, únicamente, nos permitía disfrutar del maravilloso paisaje.

Tras la bajada del Atlas, por una divertida trialera, Los Dromedarios, comenzábamos la conquista de los coches de Los Lagartijos “Coche Rescatado, Coche Conquistado”. En este ultimo trayecto de pista, rescatamos del frío a parte de la Familia Maireles, a Pilar y a Carlitos, dejando a Luís, el cabeza de familia, en manos de Meteorito y del Mercedes G de David y Jali. Tenemos que felicitar a ambos coches por el magnifico trabajo realizado.

Ese día pernoctábamos en el magnifico Hotel Xaluca Dades, de reciente apertura, en el que no faltaba detalle. El “Briefing-Drink” lo hicimos delante de una gran chimenea, todo un lujo. Delante de esa gran chimenea, uno de los integrantes del equipo, desvelo a la Organización el navegante que llevábamos oculto. Nos han pillado, VIVA EL MOROCCO TOPO!!!!

Cuarto día, Etapa Boulmane-Zagora. La aventura continua.

Las rutas cada día van superando a las anteriores en cuanto a pistas y trialeras. Los Dromedarios, estábamos pisando todos los waypoints, si, si TODOS. (Federico compruébalo en las fotos de los waypoints) Llegada a Zagora, esta vez nos alojábamos en un precioso hotel con un palmeral en su interior. En la puerta nos esperaba la gente de Mohamed “Gordito”, Taller Oficial de Toyota Kobe Motor en Zagora, para poner a punto nuestras maquinas.

Quinto día, Zagora-Erfoud. 221 Km. de pista!!!

Comenzábamos a ver paisajes desérticos y alguna duna que otra, que algunos no pudieron resistir la tentación de pasar por encima… En esa mañana, tras el paso de dos controles militares, a los que la Organización había facilitado un listado con nuestros nombres, nos encontramos con el primer y único pinchazo de nuestro equipo, Federico. Mientras unos cambiaban la rueda, el resto nos tomábamos una cervecita, ESTO ES ESPAÑA, UNO TRABAJANDO Y CINCO MIRANDO!!!.

No tardamos mucho en pararnos de nuevo. El Mercedes G de David, la bomba del Gasoil, no hacia bien su trabajo. En el tiempo que estuvimos allí parados intentando solucionar la avería, se presento un tipo muy raro que se parecía a Ronald Mcdonalds, era un tipo muy peculiar…

Esa misma noche, dormíamos en otro hotel de la cadena Xaluca. En su interior tenia una Haima-Discoteca en la que Javi y yo no dudamos un segundo en dar unas cuantas volteretas en sus alfombras, menos mal que no habíamos empezado a beber…

Sexta Etapa, Erfoud-Merzouga. Comienzan las dunas.

Día de pista y dunas suavecitas para ir entrando en calor. Ese día comimos en el Albergue de Ouzina, fuimos la envidia de toda la expedición al montar nuestra Haima Dromedario, en la que nuestra cocinera Miriam, nos deleito con pasta fresca, un manjar que acompañamos con dos tortillas bereberes que nos ofreció la Organización.

Terminando la etapa, nos encontramos con unos Quads en apuros, a los que no dudamos en auxiliar y colocarles la correspondiente pegatina Dromedaria, donde posteriormente, de camino al hotel al parar en una gasolinera a limpiar los filtros, nos hermanamos con Marruecos “Amigo, España-Marruecos misma cosa”. Unos cuantos abrazos de Tomás con ellos, supuso el no poder acercarnos a él en lo que quedaba del día.

Día 6 de Diciembre. Etapa Merzouga-Erfoud. Javi aprende a volar.

Tras abandonar el hotel, nos dirigimos a las dunas del Erg Chebbi. No hay palabras para expresar todo, simplemente, eran ESPECTACULARES.
Después de prestar atención a Fede e Inma en la clase teórica de Dunas, no habían pasado ni 20 minutos, cuando entendí lo que nunca había que hacer en una duna, cogerla de lado. Esta imprudencia, me supuso quedarme en una inclinada lateral que hizo que faltase poco para que tuviese que cambiarme de pantalones…

Tras tranquilizarme, comenzamos a disfrutar, pero… no tardaríamos mucho en volver a palidecer. En el ascenso de una duna, Javi acelero más de lo debido, y lo que consiguió fue volar, si si volar, como lo cuento, pena de cámara… Creo que no se nos olvidara la cara de descomposición que tenía. A él creo que tampoco se le va a olvidar…

Este vuelo, supuso que se descolgase la puerta, que la radio buscase un sitio mas calentito junto al carter y que tuviésemos que hacer unos pequeños retoques martillo en mano.
Al caer la tarde, nos estaban esperando Fran, Toñi y Pablo para cerrar el grupo, ya que éramos los últimos. Fue entonces cuando decidimos hacer los últimos 10 Km. por pista en honor a Fran, Franchy una nocturna!!! Te la merecías…

Una vez en el hotel, nos estaba esperando Druiman, un personaje místico en el que se convirtió Meteorito, todo un espectáculo donde pudimos degustar una estupenda Queimada. Muchas gracias Meteorito por el buen momento que nos hiciste pasar.

Penúltima Etapa. Erfoud-Fes. Subidón de Adrenalina!!!

Ultimo día en el que nos íbamos a encontrar pistas. Los Dromedarios decidimos pasarnos al asfalto para poder llegar con luz a Fes y conocer su Medina, de la que tanto nos habían hablado. Durante el camino, el coche nº2 de la Organización en el que iba nuestro médico Jacobo, decide unirse a nuestro convoy. Después de habérselo pasado muy bien con Radio Dromedario en el 33 am en días anteriores. En el trayecto, tuvimos música, juegos, acertijos, el NODO… vamos, un amplio repertorio que hizo que me quedase sin ideas.

Al llegar a Fes, Javi se hizo pasar por el dueño de un bazar y estaba empeñado en que conociésemos su tienda. No se por que, pero la gente nos miraba muy raro…



Llegamos al hotel y Fede e Inma, nos convocaron a todos para la entrega de menciones y premios. El Equipo salio muy bien parado, a Tomás y a mi nos dieron la mención a los “Jalipollas Sin Fronteras” por nuestras continuas muestras de afecto que demostrábamos en todos los pueblos, ofreciendo los servicios del “Tapicero”. A todo el Equipo nos dieron la mención del Rescate, por nuestras múltiples asistencias en ruta. A Javi le toco un Curso de Iniciación al Vuelo en el Circuito de Ocaña, a Fernando le tocaron dos polos de Kobe Motor, y el premio mas gordo imaginad a quien le tocó… pues a mi!!! EL VIAJE!!! No me lo creía, temblé más que en la inclinada de las dunas, muy fuerte…

8 de Diciembre. Algeciras, final de trayecto.

Amanecer triste en Marruecos. Éramos los últimos en abandonar el Hotel de Fes, vuelta a casa. Toda una pena, no teníamos otra opción. Llegada a España, fin de la aventura…

Esta es mi crónica, en la que he intentado mostrar la experiencia muy positiva que ha resultado para mí este viaje. Quiero dar las gracias a Raid Aventura, a todos sus integrantes por la magnífica gestión realizada, así como a Kobe Motor, por seguir confiando en Fede e Inma que son tanto unos auténticos profesionales, como inigualables anfitriones.

Quiero dar una mención muy especial a todo el equipo médico que nos acompañaba, a Belén, Irene, Miguel, Jacobo y Federico, por la magnífica intervención que realizaron en Erfoud. Gracias a todos.

Se  me olvidaba!!!! El próximo año habrá nuevas modalidades… “Trofeo Jalipollas Sin Fronteras”, nosotros ya estamos haciendo los preparativos….

Nos vemos en las dunas… el año que viene…

Carlos Mayor “Dromedario”

CRÓNICA de VICTORIA LÓPEZ

Viernes, 30 de noviembre

La ilusión por ir a Marruecos sigue siendo la misma y no importa que en este mismo año ésta sea la segunda vez que cruzamos el estrecho. Tampoco, como siempre, y para no perder la costumbre, hemos conseguido llegar a Algeciras a tiempo de coger el mismo barco que el resto de grupo. Mis hijas, Silvia y Patricia, el mismo viernes han tenido que hacer exámenes, por lo que la salida de Madrid ha tenido que retrasarse hasta las dos de la tarde. Ni siquiera hemos podido parar a comer, sólo para repostar gasoil y hacer una “parada técnica” que no ha tenido nada que envidiar (en cuanto a la rapidez) a las paradas en boxes del mismísimo Fernando Alonso, pero, al final, hemos conseguido llegar a Algeciras a tiempo de coger el barco de las ocho y media.

Cada año el grupo se va haciendo más extenso :
La organización : Federico-Inma; Luis-Lucie-Jacobo-Charly-Martín; Fran-Toñi, que en esta ocasión les acompaña su hijo Pablo.

En la modalidad de aventura 14 coches : David-Jalisco, a quienes se les uniría Martín; Belén-Luis-Irene; Luis-Pilar-Carlos; los Hermo :Rafael-Rafael-Vicente-Javier; Miguel; Rafael-Susana-Javier; y José Luis; los “pelucas” Juan Carlos-Meteorito-Francisco; y Gonzalo-Pablo; y finalmente el grupo más extenso y con mayor despliegue técnico :“la cagada del dromedario” Federico-Elena, Carlos-Ignacio, Javier-Miriam; Fernando-Ana-Carlos; y Tomás.

Por último, en la modalidad de ruta 8 coches : Luis-Coral-Candela; Alberto -Lola; Miguel-Belén-Miguel; el único equipo femenino Irene-Marta;  Los Cogolludo Almudena-Miguel-Ruth-David; Julio-Mar; Eduardo-Regina-Adrián y…. nosotros Vicente-Patricia-Silvia y yo misma,  Victoria.

Como ya están las presentaciones hechas voy a intentar contar las cosas más importantes que ocurrieron en el viaje, aunque sin duda va a faltar mucha información de los equipos que no han ido en la modalidad de ruta … ¡animaos y mandad alguna crónica del resto de los equipos!

La mayoría del grupo cruzó el estrecho en el barco de las 7 de la tarde, sólo faltaron 2 coches, el nuestro que lo hizo en el barco de las 8,30 y Javier y Miriam que lo hicieron a las 10 de la noche. Lo importante es que a primera hora de la mañana del sábado ya estábamos todos juntos dispuestos a comenzar la ruta.

Sábado 1 de diciembre

Por ser el primer día Federico nos dio una pequeña tregua y nos dejó dormir hasta las 7 de la mañana ya que el desayuno estaba previsto que se hiciera a las 7,30 h. Después de los primeros “breafings”, uno para los grupos de aventura y otro para los de ruta, abandonamos el hotel de Fnidek para emprender una larga y aburrida etapa por carretera hasta llegar a Khenifra donde pasaríamos la segunda noche.

La organización sugirió que la primera etapa se hiciera en la medida de lo posible por autopista para minimizar los posibles riesgos.  Seguramente sea más cómodo ir por autopista, pero es tan aburrido….. Eso sí, hay que agradecer a los organizadores la contratación del tipo del Maserati, a quien la policía de tráfico paró hasta tres veces por exceso de velocidad. Esto sirvió para que los agentes estuvieran entretenidos, no se fijasen en nosotros y nos dejaran en paz.

Después de abandonar la autopista paramos a hacer la primera comida campestre del viaje, con rebaño de ovejas incluido. Después de la comida ya continuamos por carreteras secundarias hasta llegar a Azrou donde paramos a hacer compras típicas de artesanía de madera típica de la zona. De allí nos dirigimos hasta el hotel Atlas Zayane de Khenifra, donde fuimos recibidos por un grupo de músicos y bailarinas.

Ese primer día después de la cena celebraríamos el cumpleaños de David “lagartijo” en el night club del hotel, donde no faltó la tarta y el “cumpleaños feliz” cantado a coro por todo el grupo.

Domingo 2 de diciembre

Este día todavía circularíamos bastante por carreteras asfaltadas, pero ya íbamos a tener la primera toma de contacto con lo que todos teníamos estábamos esperando … por fin iban a llegar las pistas.

Después de dejar la carretera más o menos asfaltada, teníamos dos opciones para llegar a las gargantas del Dades. Las dos por pista : una de ellas sobre el papel más fácil; sin embargo a la organización se le olvidó contratar a las máquinas quitanieves para que despejaran el camino. Después de muchos esfuerzos, incluso utilizando las planchas, no les quedó otra opción que desandar el camino y llegar por carretera hasta Boulmane.

La segunda opción, la escogida por nosotros, iba por un puerto con la pista más o menos en buenas condiciones hasta llegar a  un punto en donde empezaba una trialera de 30 kilómetros que estaba previsto que se pudiera hacer en 3 horas (más o menos eso fue lo que tardamos y no nos entretuvimos prácticamente en nada, sólo en cambiar una rueda del coche de Miguel que tuvo un reventón, pero se cambió con bastante rapidez y proseguimos el camino sin mayor dificultad). La pista es francamente impresionante por los paisajes, llega a coronar un puerto a una altitud de 2.642 metros, donde había bastante nieve….. algo realmente espectacular. Parece mentira, pero es increíble que Vicente se encontrara en medio de esta pista a un compañero de trabajo que iba con otro grupo. Pero no termina ahí la casualidad, ya que a ese mismo compañero nos lo íbamos a volver a encontrar varios días después a la hora de la comida en la villa de Tafraute. Pensar que una de las razones de estos viajes es poder desconectar del trabajo….

En este momento tuvimos que decidirnos por comer o llegar de día a las gargantas del rio Dades. Optamos por lo segundo y aún con el estomago vacío conseguimos ver el espectacular paisaje de las gargantas … algo que no nos podíamos perder.

Fue en el anterior tramo de la trialera donde Maireles tuvo un  percance debido a que golpeó la rueda delantera contra una piedra, doblando la mangueta de tal manera que el neumático rozaba con el trapecio superior. Para que el coche rodase y poder  sacarlo a carretera tuvieron que dar la vuelta a la llanta, sujetándola al buje como pudieron, pero se fueron segando espárragos, y tuvieron que ir sujetándola con tornillos varios, toda una obra de ingeniería, que les permitió, aunque muy despacio, poder llegar al hotel. Todo esto gracias a la ayuda de los pelucas que estuvieron de asistencia hasta que llegaron al hotel, y de los dromedarios que esperaron al final de la trialera para poder contactar por radio con Fede.

Mientras tanto nuestro grupo consiguió llegar sin más dificultades al hotel, el nuevo Xaluca Dades, donde, a nuestra llegada, nos hicieron un tour para enseñarnos sus instalaciones. Lo hicieron tan bien que a Mar y a mí consiguieron convencernos, aunque tratamos de resistirnos,  para que comprásemos un forfait que incluía hammam, sauna, exfoliación y masaje de 30 minutos …. ¡un verdadero sacrificio!

Sin embargo no todo puede ser bueno, ya que después de la relajación me esperaba una sorpresa : Vicente, Patricia, Fran y Garrote lograron descubrir de dónde venía un ruido que se estaba escuchando cada vez más fuerte dentro de nuestro coche. Descubrieron que se debía a una rotura del soporte del muelle y amortiguador, que se des-soldó del chasis, y que no nos iba a permitir continuar por pista hasta Zagora. Teníamos la opción de intentar repararlo en la sucursal de Toyota Kobe de Zagora, el taller de Mohamed “el Gordito”, pero tendríamos que ir por carretera hasta allí para que pudieran arreglarlo.

Lunes 3 de diciembre

De la etapa de este día entre Boulemane y Zagora poco puedo decir, sólo lo que contaron mis hijas, que se fueron con Garrote y familia en su coche, subieron por una pista un puerto de montaña, para después comer en el cauce de un río seco y llegar sin gran dificultad al hotel.

Nosotros fuimos por carretera hasta Zagora, pero no lo hicimos solos ya que nos acompaño Miguel de Castellón y su familia, que tenían un neumático bastante perjudicado y no querían exponerse a volver a pinchar en una pista que, al parecer, tenía bastantes piedras. También en nuestro coche nos llevamos a la familia de Luis Maireles, el cual no tuvo más remedio que quedarse en el hotel Xaluca Dades esperando a la grúa desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la tarde, cuando hizo acto de presencia.

Mientras tanto nosotros habíamos llegado a Zagora donde “el Gordito” y su equipo rápidamente se pusieron manos a la obra con nuestro coche; al mismo tiempo que conseguían localizar, en un desguace de Casablanca,  una mangueta para el coche de Maireles.

Durante todo el tiempo que nuestro coche estuvo en el taller de Mohamed Vicente no se separó ni un momento de él….(de su coche eh) ya que quería ver con sus propios ojos si lo arreglaban a conciencia o lo tenía que volver a reparar una vez llegásemos a Madrid. Realmente pudo constatar que la reparación fue hecha a conciencia, pero también con rapidez, ya que en aproximadamente cinco horas desmontaron todo el eje trasero y soldaron el  soporte al chasis….. el coche quedó como nuevo (dice Vicente que mejor que nuevo).

Martes 4 de diciembre

Por la mañana, después de comprar las maquetas en madera de coches 4×4  que nos vendieron los chavales del pueblo a la puerta del hotel (algunas realmente muy conseguidas),  abandonamos Zagora para coger la pista que nos llevaría hasta Erfoud. Salimos todos excepto Fran Kobe que acompañó a Maireles hasta que estuvo reparado su coche. Parece increíble pero la mangueta llegó a las 8 de la mañana a Zagora y sólo un par de horas después el coche ya estaba arreglado, aunque la reparación no le iba a permitir circular por pistas, ya que Maireles detectó que la dirección no iba del todo bien,  pero no iba a renunciar a acompañarnos en las dunas.

Al salir de Zagora tomamos unas pistas, al principio llenas de piedras, para después, y tras pasar por un control militar, atravesar grandes hammadas por las que íbamos por pistas que permitían que los coches pudieran circular de forma paralela. Fue entonces cuando Patricia consiguió que su padre le dejase conducir; mientras que yo seguía de copiloto y él quedó relegado de “paquet” a la parte de atrás.

Llegamos muy pronto a comer a la villa de Tafraute, al albergue Hamada Kem Kem, que en esta ocasión estaba lleno de gente : moteros, grupos de 4×4…  ¡parecía a un Vips un sábado por la tarde¡

Cuando terminamos de comer alguien sacó un balón y se improvisó un partido de fútbol en el que jugaron juntos nuestros chicos, pequeños y grandes, con niños del pueblo. No hay nada mejor que un balón de fútbol para romper el hielo….

Continuamos nuestro camino parando en varias ocasiones para entregar regalos a los niños. Todo iba transcurriendo sin ningún contratiempo, era bastante temprano y nos quedaban pocos kilómetros … todo hacía pensar que podíamos llegar pronto y disfrutar del fantástico hotel Xaluca…

Cuando llegamos a un agrupamiento Luiso nos llamó por la emisora porque  había tenido un “pequeño pinchazo”. Nos acercamos y nos encontramos con el primer problema, ya que no se podía encontrar la llave que sirve para poder descolgar la rueda de repuesto de su anclaje. Vicente se fabricó un artilugio con una llave inglesa, un destornillador y algo mas que encontró por ahí, para poder sacarla y después de un rato se consiguió cambiar la rueda y volver al punto de reagrupamiento.

Allí nos dimos cuenta que nos faltaba el coche de Irene y Marta que no habían llegado al reagrupamiento. Entonces se planificó la forma de buscarlas. La mayoría del grupo con Garrote y los Hermo, que llevaban teléfono por satélite,  se adelantaría hasta el siguiente reagrupamiento para ver si estaban allí; mientras que nosotros y Luiso volveríamos hacía atrás al lugar en donde se les había visto por última vez. Quedamos en ponernos en contacto por teléfono una hora más tarde y decir la situación. El problema era que aunque no eran todavía las 4 de la tarde sólo nos quedaba una hora de luz.

Mientras desandábamos el camino íbamos parando a coches y motos para preguntar si las habían visto. En el albergue donde se les había visto por última vez nos juntamos con Inma y Federico, que también estaban buscándolas. Afortunadamente poco después, Fede recibió una llamada telefónica de las chicas diciéndole que habían llegado antes que el resto de grupo al reagrupamiento y, como pensaban que ellas iban por detrás, continuaron hasta llegar a la carretera en donde, ya con cobertura telefónica, pudieron avisar. Realmente sentimos un gran alivio al ver que ya habían aparecido.

Una vez que nos volvimos a unir todos continuamos ya tranquilos camino hasta el hotel Xaluca de Erfoud.

Miércoles 5 de diciembre

Este día comenzó de una forma un poco triste, aunque nada tuvo que ver con nuestro viaje, ni con ninguno de los grupos.  Al poco de salir del hotel, Meteorito avisa por emisora que un ciclista ha sido atropellado por un coche y que parece ser que está en muy malas condiciones. A nuestros doctores Federico, Belén, Jacobo e Irene se les unieron Belén Kobe y Luis, enfermera y técnico del emergencias quienes con las planchas antiatasco improvisaron una camilla.  Jacobo y Belén se quedaron esperando a que llegara la ambulancia, que tardó mucho tiempo en llegar y sin prácticamente ningún medio. Ni siquiera tenían dinero para echar gasolina y trasladar al herido al hospital. Incluso llegaron a pedir 200 dirhams para poder echar combustible a la ambulancia y se les dio  el dinero para que pudieran trasladar al accidentado a Er Rachidia.

Este suceso no pudo por menos que dejar impresionado al grupo entero, pero continuamos con la ruta prevista para la jornada, que nos iba a llevar a la primera toma de contacto con las dunas.

Llegamos a buena hora al lugar en donde comenzaban las dunas de Ouzina. La organización dispuso los equipos y nosotros formamos grupo con Garrote y Miguel. Aproximadamente la distancia entre los way points de entrada y salida de las dunas es de nueve kilómetros, pero en los tres primeros parecía que las dunas habían desaparecido. Sin embargo según íbamos avanzando las dunas se fueron haciendo más grandes.

Después de disfrutar de lo lindo con las dunas llegamos al albergue Ouzina Ahoir en donde teníamos prevista la comida. Pasamos al interior y comimos de la comida que nosotros llevábamos, además de pedir varias tortillas bereberes, que es una especie de guiso hecho con verduras y huevo en un tajine. La verdad es que las tortillas se hicieron esperar bastante, pero nos las comimos con gusto.

Ya después de la comida no dirigimos hacia la carretera en una pista de polvo muy fino(fes fes) en la que no se veía nada.

Cuando acabó la pista salimos a carretera y en vez de alojarnos esa noche en el albergue Tombouctou como estaba previsto, volvimos a dormir en el hotel Xaluca. Este cambio tuvo sus ventajas e inconvenientes, ventaja de no tener que hacer maletas y dejar la habitación y el inconveniente de no poder disfrutar el emplazamiento único, a píe de dunas, del albergue.  Bueno otra vez será…

Cerca del hotel, en la carretera que une Rissani con Erfoud nos encontramos a Maireles y familia, que no nos han acompañado en el día de hoy, pero que han aprovechado muy bien el día. Están parados en la cuneta de la carretera, con el maletero de su coche abierto, abordando a los ciclistas que circulan sin ninguna seguridad de noche, sin ver y sin que les vean, para dar a cada uno de ellos un chaleco y pilotos reflectantes que ellos mismos colocaban en su bicicleta. Cuando hablamos con ellos a la llegada al hotel nos comentan que han repartido más de doscientos chalecos y pilotos.

Jueves 6 de diciembre

La ruta del día de hoy discurre bordeando la cordillera de dunas del Erg Chebbi, con un paisaje realmente espectacular. El color de la arena es algo que no puede describirse con facilidad, ya que va cambiando dependiendo de la luz del sol. A pesar de que tomamos fotografías en éstas no se puede apreciar realmente ni los colores, ni los relieves de las dunas y tampoco lo espectacular del paisaje.

Después de un corto tramo por carretera nos juntamos para desinflar los neumáticos. La organización hace los grupos para agilizar mejor la marcha por las dunas, son los mismos que en el día de ayer, pero al nuestro se ha unido Maireles. Garrote va abriendo camino, por lo que lógicamente en ocasiones es él el que se queda atascado en la arena. En uno de los atascos Vicente intenta sacarlo, pero la arena es tan blanda que también se queda. Acude entonces Maireles que tira del coche de Vicente y cuando éste se desatasca los dos juntos consiguen sacar al coche de Garrote.

Seguimos, pero, vez de bordear las dunas vamos adentrándonos en ellas, pero llega un momento en que estamos ya muy altos porque poco a poco hemos ido subiendo y las bajadas ahora se van haciendo cada vez más espectaculares. En este momento no nos queda más remedio que salir y buscar el way point por dunas más pequeñas.

Llegamos a un pequeño oasis en donde viven un par de familias, que es en donde nos encontramos al grupo de Fede e Inma, que  están haciendo  apuestas para ver qué coche sube más alto en una duna bastante alta.
Es allí en un marco incomparable donde paramos a tomar el aperitivo. Después de un rato proseguimos la marcha para llegar al way point de la acacia, que es donde está previsto hacer la comida.

Tras la comida seguimos avanzando por el río de arena hasta llegar a un lugar, en donde vamos atravesando dunas. Allí nos encontramos con algunos grupos y llegamos hasta el pie de la Gran Duna en donde hicimos  varios intentos para llegar hasta arriba. Vicente y Garrote no consiguen subir con el coche, pero sí lo hacen andando y pueden disfrutar del paisaje incomparable que se divisa desde lo alto de la Gran Duna.

Ya queda poca luz y no nos queda más remedio que salir del Erg Chebbi, paramos, entonces,  para volver a inflar los neumáticos y desde allí nos dirigimos a Erfoud donde esta noche nos alojamos en un hotel nuevo, el Chergui, donde, y para no perder la costumbre, también somos recibidos por músicos.

Después de la cena tenemos todos una cita con Druiman, que nos ha convocado para efectuar un ritual casi mágico en una haima en el jardín del hotel. Meteorito, alías druiman, hace una puesta en escena fantástica del ritual de la queimada, va echando uno a uno los ingredientes, el aguardiente, la miel, la manzana y los granos de café, uno por cada uno de los lugares de origen de los integrantes de la expedición, incluso hay uno de la república checa en honor a Lucie. En la haima hace frío, por lo que la queimada nos sienta a todos muy bien. Ya un poco tristes, porque al día siguiente vamos a empezar la ruta de regreso, nos vamos a dormir.

Viernes 7 de diciembre

Está previsto que después del desayuno y antes de comenzar la ruta que nos llevará a Fes, se haga la foto de grupo. Nos colocamos todos junto a los coches, perfectamente uniformados con la camiseta de Kobe y enseguida emprendemos la marcha, ahora dividida en dos grandes grupos. Las mayoría decide hacer todo el camino por carretera, sólo unos cuantos decidimos hacer los primeros 50 kilómetros por pista para enlazar con la carretera antes de llegar a Er Rachidia. Sólo nos detenemos una vez a hacer unas fotografías junto a la “lápida Citroën” y  antes de salir a la carretera paramos a tomarnos un aperitivo para ya despedirnos definitivamente de las pistas.

Pasamos por Er Rachidia , les gorgues du Ziz, Midelt, Sefrou, pero en esta ocasión no nos encontramos con nieve. Llegamos por la tarde al hotel y nosotros casi sin darnos tiempo a dejar el equipaje en la habitación nos vamos a la medina de Fes, pero nos encontramos que muchas de las tiendas ya está cerradas, aunque sí que puedo comprar algunos encargos de especias.

Llegamos al hotel a tiempo de llegar a la reunión de despedida de la organización, ya que el regreso cada uno lo hará por su cuenta. Seguramente éste será ya el último momento en que estemos todos juntos.

Nosotros decidimos, junto con Garrote y familia, llegar a Ceuta por el camino que atraviesa las montañas del Rift, vía Chefchaouen.

Sábado 8 de diciembre

Por única vez en este viaje nos levantamos un poco más tarde, hemos quedado con Garrote en desayunar a las ocho de la mañana y conseguimos salir del hotel sobre las nueve.

La verdad es que se nota que han hecho muchas autopistas nuevas porque la carretera que atraviesa el Rif, la que pasa por Ouazzane y Chefchaouen, no va demasiado cargada, incluso hay tramos que acaban de asfaltar. También es cierto que la marcha se hace más ágil porque sólo vamos dos coches.

Llegamos a Tetuán sobre las 12 de la mañana, justo cuando lo hace Fede e Inma, que nos pasan porque la policía de tráfico nos ha parado en un control en la circunvalación de Tetuán por exceso de velocidad. La velocidad estaba limitada a 80 km/h y nosotros debemos de haber pasado como a unos 83-84. Garrote les dice a los agentes que no nos pueden multar porque hay un margen de tolerancia (está seguro porque ha sido multado en un viaje a Marruecos que hizo el mes pasado). Finalmente el policía nos quita la multa y nos dice que podemos irnos y por ser “le premiere fois”… ya, ya, es que Garrote se ha encarado con él y le ha enseñado la multa que le pusieron hace un mes en la que ponía que había un margen de permisividad.

Después de pasar de forma bastante ágil la aduana llegamos al puerto a tiempo de coger el ferry de las 13,30 (14,30 hora española).

Es la primera vez que a la vuelta de Marruecos no hemos parado a comer los huevos fritos de Los Abades, pero es que no apetecían a las 6 de la tarde.

Ya entrando en Madrid nos despedimos por la emisora de Garrote, Coral y Candela. Llegamos a casa a las 10 de la noche, una vez más absolutamente satisfechos de los días que hemos pasado en Marruecos. Ya empezamos a contar los días que quedan para nuestro próximo viaje.

Bueno, creo esto ya está acabado, al menos lo que ha ocurrido en nuestro grupo, pero, como ya dije al principio, faltan muchas cosas por contar, todo lo que ha pasado en el resto de los grupos….., pero eso sólo lo podéis contar vosotros. Animaos y mandad alguna crónica del resto de los grupos.

Un beso a todos y todas y hasta la próxima.
Victoria

DIARIO DE UN PELUCA EN MARRUECOS

( ..: Escrito por Meteorito :… )

Para mí, este viaje ha sido el cuarto en dos años, cuando mis amigos me hablaban de Marruecos, no podía imaginar que todo lo que me decían coincidiera con la realidad. Me decían: Es un país lleno de encantos, de aromas distintos a los que conocemos habitualmente, gentes muy particulares, paisajes que solo relacionamos con fotos que vemos de otros planetas, grandes llanuras, arena que se te escapa entre los dedos, grandes contrastes, del calor al frió hay pocos minutos, de las montañas nevadas al desierto abrasador metros y sobre todo un poder atrayente. Yo no tenía mucho interés en conocerlo, pero mi amigo Juan Carlos (El Antenas) me convenció y vine. (Marruecos engancha).

Esta vez, tuve que preparar el viaje con un año de anticipación, pues fui invitado por mis amigos de Raid Aventura 4X4 en la edición de año pasado para acompañarles en esta.

   – Pero realmente fue en los últimos meses cuando empezamos a preparar el coche y nosotros: Ruedas, manguetas, silemblocs, manguitos, cajones, herramientas, filtros, niveles, etc.
   – Luego emisoras, (probando un dos tres, se me escucha (creeec), a ver por dos metros, hola, hola,  hola, (creeec) pues parece que esto funciona).
   – Luego nosotros, que no nos falte de nada. Comida: Callitos, fabada, gachas, lentejas.
   – Luego nosotros, que no nos falte de nada. Comida: Callitos, fabada, gachas, lentejas.
   – Bebida: Cervecita, Ruba Vieja, jarabes varios para quitar el sabor empalagoso de la Coca-Cola y buenos vinos (de eso se encarga Pablo (El Notas).
   – El equipaje: Ligeritos que tenemos que dejar sitio para los regalos de los niños: Ropita, lapiceros, bolis, chuches, juguetes, etc.
   – Me llama Gonzalo: (Meteorito, compra unas pelucas de colores en los chinos), la chilaba egipcia, la marroquí, los turbantes y la túnica de Druiman, que nos venia a visitar, (si es que tienes más tonterías que el armario de un indio) me dice Dani (Xapapote).

Por fin llego el día, carretera y manta pa´ Marruecos (leche, se me olvida la manta, la cojo). Camino de Algeciras temprano, que tenemos que visitar a los amigos que tenemos allí, después de comer con ellos, nos vamos a la línea de embarque para Ceuta, no tardan en llegar nuestros otros amigos y compañeros con los que pasaremos los próximos ocho días. Abrazos, besos, estrechamientos de manos y deseos de pasárnoslo muy bien. Al momento, llegan los demás pelucas, Dani, Gonzalo y Pablo, este año si cruzamos juntos. En el barco, empezamos a recibir instrucciones de Imma y Fede: Rellenar el papel blanco con vuestros datos, donde pregunta la profesión, poner, funcionario, mecánico, frutero o sexador de pollos, el pasaporte en la mano y sin perderlo de vista en las gestiones, también nos dan los libros de información general (ese que no leemos hasta que llegamos a casa) y el de ruta de carreteras para ir y volver a Ceuta. El viaje en barco tranquilo y corto según lo previsto.

Nosotros nos entretenemos un poco para cambiar dirhams, pero al final pasamos la frontera todos juntos, como el hotel esta cerca de la frontera llegamos pronto, donde ya nos encontramos a Federico y Elena que llevaban de gira varios días, circustancia que nos da cierta tranquilidad, por saber que nos acompañan un gran equipo medico que afortunadamente no nos hizo mucha falta, pero que si demostraron que saben intervenir rápido y bien (gracias amigos). Después de alojarnos y cenar, el primer (whiskey briefing).

Sábado día 1 de diciembre, Fnidek-Khenifra

Fede, nos levanta temprano, y así, todos los días. Después de desayunar y el briefing, ponemos emisoras que será la herramienta que más utilizaremos en todo el viaje. En esta etapa, que son casi seiscientos km. de carretera, será importante estar pendiente de cualquier incidencia en la carretera y de los radares para avisar al resto de los compis.

Parando alguna vez, pues ya sabéis, caldito para el coche, comer algo, un pis y relevo de conductor. Ya metidos casi en el Atlas llegamos al hotel donde nos recibieron con música y danzas típicas. Después de la cena y ya más relajados del largo viaje con cachitos de pista, estuvimos charlando y conociendo a los nuevos compañeros-as.

Domingo día 2 de diciembre, Khenifra-Boulmane

Esta etapa se desarrolló en pleno Atlas, donde pisamos nieve y pasamos frío, frío que  combatimos con unas gachitas, buen vino, embutidos de la sierra de Gredos que nos trajo nuestro compañero Javi y por supuesto orujito de hierbas para los que no conducían. También pasamos por el lago Tislit y después de un despiste cogimos la trialera hacia la garganta del Dades (menos mal, que si tomamos la pista del puerto la cagamos con la nieve, donde se atascaron los de ruta), donde alcanzamos a nuestros amigos, La Cagada del Dromedario y los Lagartijos, que tenían un problema gordo con el coche de Luis, Pilar y Carlitos. Después de abrir paso para los coches bloqueados y acomodar a Pilar y Carlitos, se rescato como pudimos el coche y llegamos al hotel a las tantas, menos mal que nos esperaron para cenar y lo culminamos con un whiskey briefing al lado de una chimenea y con los compis.

Lunes 3 de diciembre, Boulmade-Zagora

Como pasamos la garganta del Dades de noche el día anterior, decidimos visitarla por la mañana, hecho que nos llevo retrasados todo el día, pero no éramos los únicos, ya que nos encontramos con La cagada del Dromedario y al equipo R. Este día, si que le echamos bueno, ya íbamos retrasados y encima nos confundimos en un punto y tomamos una ruta paralela, pero separada por una montaña. No nos importó mucho porque también era muy entretenida y bonita, total terminaba casi en el mismo sitio que la otra. En fin que después de comer tranquilamente junto con los amigos del equipo R  decidimos ir a Zagora por otra ruta más corta. Ya en Zagora, fuimos a visitar a Mohamed el Gordito (que por cierto ha ampliado el negocio), para ver si había llegado Luis con su coche. Después al hotel Palais Asmaa, donde disfrutamos de un gran buffet y de sus grandes habitaciones.

Martes 4 de diciembre, Zagora-Erfoud

Ya empezamos a pasar calor, llanuras, alguna duna, ríos de arena, dromedarios y piedras quemadas por el sol. Mientras seguíamos entregando los regalos de los niños y niñas, Javi con su súper maquina no paraba de hacer fotos, pasamos por el interior de un cráter que al parecer hizo un antepasado mío caído del cielo, reagrupación para comer, intercambio de manjares, Imma de los nervios en lo alto de la pikat  megáfono en mano (por favor, abrir squelt, subir el volumen de la emisora, contestar cuando os llamemos),  algún control militar, incluso me pareció ver a Ronald Mcdnalds, pero seguro que era otro espejismo.

Después de un día sin coladas en la ruta, paramos a comprar fósiles y regalos. El regateo es a muerte, si no, puede que lo pagues más caro que en la C/ Serrano de Madrid, llegamos al Xaluca, musiquita, té, alguno un masaje para colocar los  huesos en su sitio, cena y a la cama, que ya se va notando el cansancio.

Miércoles 5 de diciembre, Erfoud-Merzouga

Empezamos el día con el cuerpo un poco frío, porque según salimos de Erfoud presenciamos un accidente muy grave en la carretera, después de avisar a la organización y asegurar el lugar, nuestros amigos los médicos y enfermera atienden al herido, sin poder hacer mucho por él. Pero no fue así en otras intervenciones a lo largo de la ruta (por cierto, mencionar la gran tarea que realiza el medico de la organización, Jacobo, muchas gracias).

Ya siguiendo ruta, pudimos ver todo tipo de paisajes, alguna trialera, burriquines, paisanos, compañeros y compañeras como Marta e Irene que me llamo la atención, su valor y decisión para emprender esta aventura (aunque se nos perdieran algún día), muy bien chicas. Aunque no pudimos dormir todos en el mismo hotel, Druiman que estaba un poco decepcionado, pues pensaba deleitarnos con su Queimada, le convencimos para que la celebrara al día siguiente que estaríamos todos juntos.

Jueves 6 de diciembre, Merzouga-Erfoud

Este día, se prometía divertido, empezaban las súper dunas. Después de bajar presiones, nos metimos de lleno en el mar de arena, como era temprano la arena estaba durita y nos pegamos un hartón de dunas que incluso repetimos la ruta dos veces.

Incluso en pleno desierto nos encontramos beréberes que nos ofrecían sus productos a precio de ganga, pero cuando llevabas una hora regateando y aún así se han subido mucho a la parra, quieren venderlo más caro que El Corte Ingles. Mientras oíamos a la organización y al resto de los compañeros como voceaban por la emisora (no os paréis en la mitad de la duna, subir hasta arriba no paréis el coche donde no pueda salir, no uséis la reductora. ¡Fede, que me he atascado, y yo, y yo también!).

Cuando salimos de las dunas por el paso del Dakar, nos tomamos un té en Merzuga y  seguimos ruta al hotel Chergui, un hotel de reciente inauguración que esta genial.

Después de la cena nos reunimos todos en una haima del patio y Druiman nos espanto todos los malos espíritus, las malas meigas, los males de ojo y llamo a los buenos espíritus, nos purifico, alumbro y calentó.

Viernes 7 de diciembre, Erfoud-Fes

Aunque, queríamos estar pronto en Fes, decidimos hacer la última pista de la ruta que también cubría el Dakar, como no tuvimos ningún incidente, la acabamos pronto y después de la paradita de la comida y la tertulia sobre la excursión, empezamos los planes del próximo año, en donde tenemos intención de encontrarnos, sin contar los encuentros intermedios.

Ya en Fes, con el tiempo justo de luz, nos fuimos a la medina, vimos sus estrechas calles, un patio de tintes e intentamos comprar algo sin éxito, porque esta todo carísimo.

De regreso en el  hotel, tuvimos el ultimo briefing, donde Fede mostró su agradecimiento a la organización y a los participantes, hizo menciones, dejándose la mas importante, la suya y la de Imma (gracias chicos os lo habéis currao), sortearon regalos y viajes, este año no me ha tocado a mi, me hubiera gustado mucho, pero es de ley que se lo llevara otro compañero-ra.

Aunque las despedidas siempre son tristes, me quede con los buenos ratos, que fueron muchos y la satisfacción de conocer nuevos amigos-as que espero encontrarme con ellos-as. Así pues aproveché durante la  cena para despedirme de todos y todas, deseando volver a encontrarnos de nuevo pronto.

Sábado 8 de diciembre, Fes-Ceuta-Madrid

Hoy si que hemos madrugado, nos quitamos las legañas, metemos el equipaje, desayunamos, ultimas despedidas y sin prisa ni pausa, caminito de Ceuta, más de quinientos Km. con cambios de conductor programados y paradas breves, así conseguimos coger el barco de las 14:30.

La frontera la pasamos muy rápido y embarcamos sin problemas, ahora si que pudimos comer tranquilos en el ferry. El desembarco en Algeciras también fue rápido, pues veníamos poca gente, algún coche se quedo para el siguiente barco, pero este salía hora y media después.

Ahora sí que se me hacía un nudo en el estomago, llegó la hora de despedirse de los pelucas Pablo, Dani y Gonzalo, pues tomábamos rumbos distintos.

Con el mismo programa de ruta tiramos hasta Madrid sin ningún problema.

Un abrazote a todos-as, ha sido un placer pasar esto días con vosotros, no os olvidare porque espero volver a veros.

Yo quiero hacer mi mención especial a mi amigo Juan Carlos (Antenas) que con su caja de herramientas y artilugios nos ha sacado de algún que otro apuro.

Manolo Meteorito

CRÓNICA DE IRENE GONZÁLEZ

…:: HYUNDAI SANTA FE CON ALAS, SIN LÍMITES ::…

Cuando estaba trasteando en la Web de Fede para ver las fotos de la I Exposición de El Desierto de los Niños, la ventana de la V Travesía KOBE me llamó poderosamente la atención.

Uff! África me llamaba y sin pensarlo dos veces, me inscribí. No tenía coche, ni nevera, ni emisora, ni GPS, ni nada de nada, solo muchas ganas de hacer aquel viaje que aparecía en mi pantalla. Desde el verano que había estado en el Valle del Loira, no había salido de casa y me apetecía volar un poco.



Cuando me paré a pensarlo, cogí el teléfono y llamé a Inma, -hola, ¿sabes que me he inscrito en vuestro viaje?
     – Si, ya lo he visto, me contestó. Y Fede, ¿que ha dicho?, nada, le ha hecho mucha gracia

Al día siguiente empecé a meditarlo y lo primero que se me vino a la cabeza fue, ¡que pinto yo en Marruecos, sola, en un viaje donde no conozco a nadie! Lo cierto es que había estado en el país cinco veces, pero siempre arropada, jamás con la responsabilidad de hacer todo el recorrido sola, ni de controlar el road book, ni el GPS, y demás parafernalia.

Pero me seguía atrayendo tanto que empecé a organizarme. Los preparativos previos no fueron complicados, una llamadita a mi amigo Javier Gismero y todo solucionado, justo el domingo antes del viaje tenía en mi casa su fantástica nevera, una eslinga y sus grilletes, su GPS, su emisora de 27 con su antena. Como cosecha propia aporté un mini-botiquín, y una bolsa de viaje ropa cómoda, con la intención de acomodarlo en el fantástico  Hyundai Santa Fe, también cedido por un excelente amigo.

¡¡Glupp!!, ya tengo todo, así que no puedo dar marcha atrás. Ni que decir tiene que no se lo dije a casi nadie, porque el comentario de los que lo sabían era reiterativo: ¡que valor tienes!, ¡estás loca!, ¡va a ser una paliza!, ¡No te preocupes que si no vuelves vamos a buscarte!, y demás sinónimos de la palabra valor, impropios para una Web.

El lunes por la mañana llamé a un amigo para ver como se encontraba su hijo, que había estado malito, y el tema de conversación se centró en  mi viaje: ¡que valor!,…. ¡estás loca, te vas sola! Al terminar nuestra charla, recibí un SMS de mi amigo. “Marta me dice que le da mucha envidia, que se iría contigo encantada”. Que se venga, respondí.

Cuando estaba trasteando en la Web de Fede para ver las fotos de la I Exposición de El Desierto de los Niños, la ventana de la V Travesía KOBE me llamó poderosamente la atención.

Uff! África me llamaba y sin pensarlo dos veces, me inscribí. No tenía coche, ni nevera, ni emisora, ni GPS, ni nada de nada, solo muchas ganas de hacer aquel viaje que aparecía en mi pantalla. Desde el verano que había estado en el Valle del Loira, no había salido de casa y me apetecía volar un poco.

Cuando me paré a pensarlo, cogí el teléfono y llamé a Inma, -hola, ¿sabes que me he inscrito en vuestro viaje?
     – Si, ya lo he visto, me contestó. Y Fede, ¿que ha dicho?, nada, le ha hecho mucha gracia

Al día siguiente empecé a meditarlo y lo primero que se me vino a la cabeza fue, ¡que pinto yo en Marruecos, sola, en un viaje donde no conozco a nadie! Lo cierto es que había estado en el país cinco veces, pero siempre arropada, jamás con la responsabilidad de hacer todo el recorrido sola, ni de controlar el road book, ni el GPS, y demás parafernalia.

Pero me seguía atrayendo tanto que empecé a organizarme. Los preparativos previos no fueron complicados, una llamadita a mi amigo Javier Gismero y todo solucionado, justo el domingo antes del viaje tenía en mi casa su fantástica nevera, una eslinga y sus grilletes, su GPS, su emisora de 27 con su antena. Como cosecha propia aporté un mini-botiquín, y una bolsa de viaje ropa cómoda, con la intención de acomodarlo en el fantástico  Hyundai Santa Fe, también cedido por un excelente amigo.

¡¡Glupp!!, ya tengo todo, así que no puedo dar marcha atrás. Ni que decir tiene que no se lo dije a casi nadie, porque el comentario de los que lo sabían era reiterativo: ¡que valor tienes!, ¡estás loca!, ¡va a ser una paliza!, ¡No te preocupes que si no vuelves vamos a buscarte!, y demás sinónimos de la palabra valor, impropios para una Web.

El lunes por la mañana llamé a un amigo para ver como se encontraba su hijo, que había estado malito, y el tema de conversación se centró en  mi viaje: ¡que valor!,…. ¡estás loca, te vas sola! Al terminar nuestra charla, recibí un SMS de mi amigo. “Marta me dice que le da mucha envidia, que se iría contigo encantada”. Que se venga, respondí.

Marta andaba inmersa en un interesante cambio laboral, así que aunque se moría de ganas de venir, no le dieron el visto bueno hasta el jueves, ¡un día antes de salir!

La travesía no podía ser más atractiva: recorrer Marruecos atravesando las difíciles montañas del Atlas para llegar al desierto. Era toda una oportunidad que no podía dejar pasar, y encima se apuntó Marta, así que ¡nos íbamos dos chicas a Marruecos!

Partíamos el viernes y el día anterior recorrí Carrefour como una centella: fiambre, queso, tortilla de patata precocinada, latas de atún, de aceitunas, patatas fritas, frutos secos, agua, coca colas Light, chocolates y muchas chuchearías, que en menos de 30 minutos estaban acoplados en el carro.

No faltaron los CD’s de música, el ordenador portátil y las cámaras de fotos. Apenas nos dio tiempo a preparar más, ni a valorar la situación, solo a dejar atadas las cosas en casa, y a rebuscar entre los papeles un mapa de Marruecos.

La sorpresa nos llegó con el retorno de nuestros amigos y conocidos, ¡que valor, os vais las dos solas a Marruecos!, era el comentario bien intencionado de los que nos apreciaban. ¡Que bien, cuidaros mucho, ser precavidas, cuidado con pinchar, ojo en la arena!, y mil y un consejos más.

EN EL PUERTO

Nuestra aventura comenzó en el puerto de Algeciras, donde llegamos a las tres, y como no habíamos quedado con el grupo hasta las cinco, nos fuimos al Corte Ingles a comprar un par de cosas que habíamos olvidado: cervezas, unas cajas de bombones y unos riquísimos mini-sándwiches.

Ya en el muelle nos presentamos al grupo que, para ser sinceras, creímos que nos observaban entre curiosos y sorprendidos. Algunos nos preguntaron si éramos de la organización, otros que con quién íbamos. ¿Venís en el Santa Fe, tiene reductora, está preparado, sois de Hyundai? Y ahí estábamos con nuestro reluciente Santa Fe con las llantas naranjas mientras se iban incorporando al grupo los preparadísimos vehículos de nuestros compañeros de viaje.

Mientras contestábamos el “interrogatorio”, el  trasiego de coches, fardos, viajeros, equipajes y camiones abarrotaban el muelle y, de una forma más o menos ordenada, gestionaban el acceso al enorme barco, que, inesperadamente, desplegó su rampa para absorber el increíble alboroto portuario.

En menos de una hora de travesía se llegamos a Ceuta, y de ahí a la frontera. Alrededor de las verjas azules que separan ambos países existe todo un submundo. Mujeres que cargan sobre su espalda inmensos fardos, vendedores, jóvenes que pululan, viejos que observan el espectáculo, comercios de cambio de moneda, enormes embalajes colocados en las destartaladas aceras y la policía que va y viene de manera incesante. En este universo la clave es tener paciencia, paciencia y más paciencia. Así que mientras Marta fue a cambiar euros por dirhams, yo entregué nuestros pasaportes y después me dirigí a la ventanilla para cumplimentar el papel verde del coche.

Los trámites de entrada no son complicados, pero los policías jamás tienen prisa y aquí es donde aprendemos que, “en Marruecos, prisa mata hombre”.  Por ello, lo mejor es afrontar la gestión con serenidad, y mucha paciencia. Mientras una y otra hacía una gestión, ambas éramos observadas con gran curiosidad por los muchos que allí estaban pasando el rato, y que se ofrecían para ayudarme en los trámites. ¡Cuantos voluntarios!

TOCAR EL CIELO

Con el papel verde, el blanco, el pasaporte y algún documento más, nos dejaron pasar, tras los tres altos que nos dio la policía marroquí para volver a pedirnos el pasaporte, el papel verde, los del coche, documentos que miraban sonrientes, y que nos devolvían cordiales. Y por fin pisamos el Reino de Marruecos. Su impresionante y caótico tráfico rodado, donde en un desorden confuso circulan coches, furgonetas, burros, destartalados camiones, ciclistas kamikazes y viandantes despistados, hizo que agudizáramos los cinco sentidos.

La primera noche en el Ibis ya fue divertida, un prólogo de lo mucho que nos íbamos a reír durante el viaje. Después del Cheking subimos a la habitación y cuando abrimos la puerta, vimos que solo había una mini-cama de matrimonio. Baja y le dices a Inma que se han equivocado, que nosotras queremos dos camas. Mientras yo cuidaba las maletas y charlaba con casi todos los que pululaban por los pasillos.

Al rato subió Marta y me dijo: “Mira, yo no me muevo, así que me quedo en un ladito de la cama muy quieta. Nuestro caso no es el peor. ¿Has visto esos tres chicos que vienen juntos?, Si. Pues tienen una habitación como la nuestra y están abajo protestando, así que nosotras no estamos nada mal. La carcajada de ambas resonó en toda la galería. Y siguió en la cena, cuando veíamos a los tres ocupantes del coche, intentábamos calcular cuanto medían y pesaban y los imaginábamos en la habitación,  juntos. Dos en la mini-cama de matrimonio y el tercero, en la mini-camita de niños.

Tras el breafing del primer día, viajamos hacia el sur, para recorrer 6.000 kilómetros de un país que tiene 711.000 kilómetros cuadrados, bañados casi en su totalidad por el Atlántico.

Marruecos es una tierra de contrastes, que está a un paso de Europa, pero que tiene un inconfundible sabor africano. Combina las abruptas montañas del Gran Atlas, que se cubren por completo de nieve en invierno, con el árido desierto del Sahara  y las verdes costas. Está dividido de suroeste a noroeste por las montañas del Atlas, que llegan hasta Argelia. Con el Hyundai Santa Fe circulamos por la excelente autovía y después por carreteras en buen estado, hasta Meknes, para seguir hasta la pequeña y montañosa Azrou, y llegar a Kenifra, a los pies del Atlas, donde casi se puede tocar el cielo con las manos.

Atravesar el Atlas es toda una hazaña, es emocionante rodar por sus angostos puertos, donde el firme es tan estrecho que sólo cabe un coche. Y en invierno cuando la nieve lo cubre todo, resulta, aún si cabe, más impresionante. El recibimiento en el hotel fue algo apabullante, porque las bailarinas y los músicos nos hicieron bailar durante mucho rato bajo la divertida mirada de Fede.

LA NIEVE, ¿TE IMAGINAS MARCHA ATRÁS?

Siempre  hacia el sur, hacia la ciudad de Imilchil en el alto Atlas, hay que pasar por el lago de Tislit, situado a más de 2.300 m de altitud, famoso porque en Septiembre se celebra la  Moussem, la fiesta de las bodas bereberes.

Los lugareños le llaman “el Lago de la Pena”, porque según cuentan, había unos novios locamente enamorados, pero sus familias les impidieron casarse, y de tanto sollozar formaron dos lagos. La novia, la que más lloró, creó el  Tislit, y el novio formó el lago Isli. En el lago de la Pena hay un pequeño albergue, donde la amable señora que lo regenta nos invitó a pasar y nos hicimos unas fotos con ella. En esa parada, Charly aprovechó para cargarnos la ruta en el GPS, y a partir de ahí, todo fue más fácil.

Imilchil es un minúsculo y arduo pueblo montañoso, desde donde se llega atravesando una ajustada  pista que en invierno casi siempre está impracticable, a las gargantas del Dades.

Y en esta ocasión estuvo insuperable, pese al empeño por alcanzar la cara sur. Según subíamos por la resbaladiza pista, la nieve era cada vez más abundante y se empezó a cuestionar si debíamos dar la vuelta. Marta, ¿Te imaginas que tuviéramos que dar la vuelta?, “ni de coña, no puede estar tan mal para no poder pasar”, respondió.

“Me muero si hay que dar la vuelta en este puerto”, concluí. Debía ir con mucha precaución para que el coche no resbalara hacia el barranco, iba  pegada posible a la derecha, hacia la montaña. El Hilux que marchaba primero, lo hacía muy despacio y el Santa Fé, tras él, todavía aún más, hasta que la nieve hizo intransitable, y tuvimos que recurrir a las planchas y palas que llevábamos para la arena.

A duras penas íbamos retirando la nieve para cerciorarnos de que en la pista no hubiera ningún agujero, después con las planchas, el Toyota avanzaba escasos centímetros. Cuando el sol comenzaba a ocultarse, y sólo habíamos avanzado unos metros, el panorama no podía ser más desalentador. Ya estábamos llegando a la cima para descender por su cara sur, y comprobamos que la bajada se encontraba totalmente helada, con enormes placas inclinadas hacia el barranco. Así que la única alternativa que nos quedaba era volver sobre nuestros pasos, marcha atrás, no había espacio para dar la vuelta. Una risa nerviosa nos invadió, “y tu decías que ni muerta dabas la vuelta”, comentó Marta.

Mi respuesta fue, “si quieres bájate mientras voy marcha atrás, de verdad que no me importa”, “de eso nada, vamos las dos”, me animó Marta.

Así que Jacobo, un guía sensacional, caminaba junto a la ventanilla para dirigirme, “un poquito a la derecha”, “un poquito más a la izquierda”, “para, para”, y así, una hora después, llegábamos a una explanada donde pudimos dar la vuelta. Creo que en la nieve nos ganamos el “respeto” de nuestros compañeros de viaje, o por lo menos de muchos de ellos, porque alguno no se atrevió a bajar marcha atrás, y tuvieron que sacarle el coche de allí. El comentario general era, “las chicas del Santa Fe lo han sacado solas”, y ¿Qué se creían?, pensamos nosotras.

La única posibilidad de alcanzar Boulmane era regresar por donde habíamos venido, así que  llegamos a media noche. Y las impresionantes Gargantas del Dades, las más bellas del país, tuvimos que verlas de noche. Estos desfiladeros se han ido formando por la erosión que la cuña del río ha ejercido durante siglos en la roca, y dibujan bellísimas formas. En tiempos no era un lugar muy seguro porque cuentan que aquí se ocultaban los bandidos, y además vivían manadas de leones que atemorizaban a la población.

Desde Boulmane tomamos la pista hacia el macizo  pre- sahariano del Saghro, unas tremendas montañas áridas y secas, sin duda la zona más pobre y olvidada del país, pero donde la gente es extraordinariamente hospitalaria. La ruta discurría por serpenteantes pistas de montaña muy rotas, donde era muy fácil pinchar. En el alto del puerto a más de 2.700 metros de altitud hicimos una parada para tomar té en un sorprendente y  pequeño bar familiar, desde donde hay unas vistas impresionantes de los valles glaciares. Como estábamos en el paraíso del mercadeo, mientras tomábamos el té, aprovechamos para regatear y adquirir unas dagas artesanas y unos collares para regalar.

Siguiendo la ruta atravesamos impresionantes jardines de piedras, valles, palmerales, kasbahs, y los oasis de Tisuit y de Handor. Tras el puerto llegamos a Zagora, la puerta de las dunas.

A TOMBOCTOU, TAFRAUTE Y RISSANI

Zagora es la ciudad más grande de la región, situada en el valle del Draa, con un fondo montañoso espectacular, y a pocos kilómetros de la frontera argelina. Aunque fue construida al pie de una vieja fortaleza almorávide, la ciudad es de la época colonial francesa. Está edificada en torno a dos calles principales flanqueadas por edificaciones rojizas, donde hay muchos tenderetes de comerciantes de origen bereber, árabe o mauritano. En Zagora merece la pena perderse en algún puesto, donde el mercader sacará una preciosa caja de hueso de camello con cientos de anillos de plata de bellísimos diseños. Los habitantes de la ciudad son muy acogedores y es muy corriente hacer amigos que te invitan a tomar un té en su casa.

En la época almorávide ya era un importante núcleo comercial de oro, sal y esclavos procedentes del África negra. La ciudad no tiene nada que ver con cualquier localidad del norte, aquí las mezquitas son austeras, las casas de barro a penas están decoradas, no hay grandes fuentes, ni grandes medinas, sólo la puerta del desierto, y todo el tiempo del mundo. En las puertas del hotel Palais Asmaa, se puede ver el famoso cartel que indica que Tomboctou está a 52 días en camello, reminiscencia de aquella época dorada comercial. A primera hora de la mañana, mientras andábamos en la rutina de organizar el interior del Santa Fe, varios jóvenes nos rodearon para vendernos llamativos coches de juguete hechos en madera de palmera. Después del regateo, como no, compramos dos, a una cuarta parte del precio que nos pedían y más unas camisetas. Una vez cerrado el negocio, todos querían hacerse fotos con nosotras, a lo que accedimos sin problema. A la sesión de fotos se incorporó unos de los mecánicos de Mohamed El Gordito, que la noche anterior nos había limpiado el coche y el filtro. Se debió correr la voz, porque casi todo el pueblo sabía que había dos chicas de travesía.

Al salir de Zagora, después de unos kilómetros por buena carretera, se cogimos una complicada pista para llegar a la lejana Villa de Tafraoute. La villa está compuesta por un grupo de pequeñas casas de adobe, pintadas de color rosa y tierra, que sobreviven a las duras condiciones climatológicas. Parece un pueblo de camuflaje, y algo de esto debe ser, porque en Tafraute hay muchos militares, y muchos, muchísimos niños, con los que de pronto, improvisamos un partido de fútbol con los chicos. Los niños reían con ganas con los regateos que hice con mis chanclas menorquinas, creo que pasaron un buen rato.

La arena y aridez del entorno nos indicaban que las dunas estaban cerca, solo teníamos que cruzar las grandes hammadas del Maider para llegar a Rissani. Al salir de Tafraute, las pistas de arena no son complicadas, y no es necesario bajar presiones.

Así que, con el GPS en mano y el libro de ruta, nos dirigimos con Sakira  y su “Ahí te quedas Madrid” de fondo al WP 31, donde estaba fijado un punto de reagrupamiento. Mientras algunos coches nos adelantaban porque nuestra amortiguación era un poco “complicada”, íbamos muy pendientes de la emisora, porque cada vez que cogíamos un pequeño bache, cambiaba de canal.

Disfrutando de la inmensidad del desierto pedregoso, nos dimos cuenta que de pronto, el GPS marcaba el WP 33. En ese momento frenamos en seco para comunicar por radio que nos habíamos pasado el reagrupamiento y decidir si dábamos la vuelta o esperábamos a los más rezagados. Por nuestro dial no respondía nadie, así que empezamos a cambiar de canal, y nada, no había respuesta. “Aquí coche 19, ¿hay alguien ahí? ¡Y no había nadie!

El móvil no tenía cobertura, así que estábamos allí en medio solas. Descartamos la idea de volver hacia atrás puesto que no teníamos las coordenadas en el GPS, y la mejor opción era esperar a que llegara la gente de nuestro grupo, seguro que alguien quedaba por detrás, pensamos, convencidas de que la mayoría ya harían superado el WP en el que nos encontrábamos.

Bajamos del coche, comprobamos que la antena seguía en su sitio y nos tomamos un refresco mientras insistíamos por el dial, “aquí coche 19, ¿nos copia alguien?”

Una hora después no sabíamos qué podía haber pasado, ni nos copiaba nadie, ni llegaba nadie, ni por allí había humanos. El sol iba cayendo y éramos conscientes que de noche podíamos tener complicaciones, así que decidimos seguir hacia el WP 36, fijado como reagrupamiento de radio pero antes dejamos una lata de Coca Cola Light como pista, ¡por si aparecía alguien!
Llegamos al WP36, y tampoco había nadie, y por la emisora nadie nos copiaba.

Extrañadas sin saber qué había podido pasar con el grupo, decidimos esperar de nuevo. Y nada, la soledad más absoluta y el sol seguía ocultándose. Teníamos que tomar una decisión, mirando el libro de ruta comprobamos que estábamos a 40 kilómetros, de los del desierto, del asfalto, así que antes de que se hiciera de noche, continuamos la ruta.

Ahora debíamos ser muy cuidadosas en la conducción, no podíamos pinchar, y si hasta entonces no lo habíamos hecho, no nos podía pasar ahora. Y lo más importante, no nos podíamos quedar atascadas en una duna. Concentradas en el GPS, en la pista, en el libro de ruta, en la emisora y sin perder el ánimo, seguimos, eso sí, preocupadas por si los componentes del grupo pensaban que nos habíamos perdido.

En ello estábamos, cuando en el WP 43, llegamos al asfalto. Muy despacito, con los dos móviles por fuera de la ventanilla, buscábamos impacientes que aparecieran las rayitas de cobertura en el móvil. “Para, para, que tengo cobertura”, gritó Marta alborozada.  Sobre la marcha, llamamos a nuestro responsable del grupo para decirle exactamente donde estábamos, y saber dónde se habían metido ellos. “Hemos tenido un problema con una rueda, y hemos tardado más de hora y media en solucionarlo, porque no podíamos sacarla. Nada, seguir hacia Erfoud, ir al hotel”

Antes de llegar a Erfoud, hay que pasar por Rissani. La ciudad es grande, viva y llena de bullicio, donde hay una gasolinera, un  banco, un impresionante mercado y muchas tiendas. La ciudad es una de las más importantes de la zona del Tafilalt, y en otro tiempo fue muy prospera por estar en una importante ruta comercial.

La comarca también es conocida porque allí los sultanes desterraban allí a sus parientes problemáticos. Muley Ismail, un activo constructor de palacios y amante de las mujeres, tenía la costumbre de proscribir allí a cualquier concubina o esposa que hubiese cumplido los 30 años. Rissani está rodeada por un magnífico palmeral, es muy atractiva por su sus interesantes monumentos, por su historia y por ser una Ciudad Santa. El trasiego de vendedores demuestra que en la antigüedad fue un importante punto de encuentro de las rutas de caravanas que comerciaban en Malí y Níger, con sal y esclavos. Hay muchos comercios, tiendas de comestibles, de telefonía y de informática a la marroquí. También hay bazares llenos de objetos curiosos, de fósiles, collares, lámparas, sortijas, colgantes, cajas de hueso de camello, antiguos instrumentos musicales y tapices, entre miles de bártulos muy interesantes. Esta ciudad, de unos 50.000 habitantes, es la ideal para conocer el modo de vida del Sur de país. Aparte de callejear por las estrechas calles de Rissani, o tomar el té mientras se regatea en un comercio, resulta muy interesante  visitar las ruinas de la ciudad de Sigilmassa, fundada el general romano Sigillum Massae.

Muy cerca se encuentra Erfoud, también llena de kasbahs milenarias, de tiendas, vendedores y buenos hoteles. En sus alrededores se encuentras las fantásticas canteras de fósiles marinos, únicas en el mundo. Así que como llegamos a Erfoud antes de lo previsto, decidimos dar un paseo y mirar bazares antes de llegar al hotel.

Aparcamos el Santa Fe en la calle principal, y en seguida nos rodearon niños y vendedores, a los que tuvimos que dejar claro que íbamos a comprar donde quisiéramos sin que nos molestasen. Creo que las dos chicas del Santa Fe fue lo más interesante que pasó en Erfoud aquella tarde. Y vaya si compramos, y hasta nos dio tiempo a darnos un masaje en el hamman.

EL OCÉANO DE ARENA

Para llegar al magnífico Erg Chebbi, hay que pasar por Merzouga, a unos 50 kilómetros al sur de Erfoud. Antiguamente las casas del pueblo eran de adobe, pero hoy hay bastantes construidas en hormigón, también hay una escuela, una oficina de correos, un básico centro sanitario, muchas tiendas con fantásticos artículos bereberes, y como en todo Marruecos, un puesto castrense. Su enorme atractivo estriba en su maravilloso entorno, por un lado el Erg Chebbi, por otro, una amplia hammada llana, gris y polvorienta, y al fondo el Dayet Srji un lago salado, que sólo tiene agua los inviernos más húmedos, y es cuando a veces, se puede ver flamencos.

En el gran Erg Chebbi se encuentra la naturaleza en estado puro, donde hay que agudizar los cinco sentidos para sobrevivir. En África hay que ser observador y paciente, puesto que el propio ecosistema es el que impone sus códigos que hay que aprender a interpretar. Uno de ellos son los colores, que en las dunas señala su consistencia, y nos dicen por donde se puede pasar y por donde no,  para no hundirnos.

A pie de duna, comenzó nuestra primera clase, bajar la presión de las ruedas. Como nuestro coche no tenía reductora, empezamos a usar el secuencial. Primera, segunda, arriba, levantar el pie, mirar y dejar caer el coche, así una y otra vez, y con una profesora de lujo: Inma.

Atravesar dunas es como esquiar, una suave sensación de deslizarse por la arena, con el componente de la adrenalina a tope por ver cómo será la bajada.

Las dunas hay que subirlas de frente, y si el coche se queda, no hay problema, se pone la marcha atrás y se vuelve a tomar toda la carrerilla posible.  ¡Las chicas del Santa Fe las estaban pasando sin reductora y sin atascarse! Bueno, solo dos pequeñas atascadas. La primera porque enfilamos por una zona de arena muy batida, y la otra por esquivar un coche atascado. Y ambas han salido en todas las fotos. La segunda fue nada más salir del Oasis Yasmina, donde estuvimos con una familia muy pobre. Allí estaba Josué, un niño de 5 añitos que por su peso bien podía tener solo uno.

Tras dejar al pequeño Josué y su familia seguimos ruta. Marta iba conduciendo, Inma Navegando y yo, más feliz que una perdiz sentada detrás. Cuando íbamos a bajar una duna vimos a nuestros compañeros que nos muchas hacían señas y todas diferentes.

Tranquila Marta, baja levantando el pie y, cuando el coche se dirigía al interior de la hoya, allí estaba el Mitsubishi de Miguel atascado, “frena, frena”, Marta con excelentes reflejos frenó y el Santa Fé se quedó clavado en una pendiente de infarto. Cuando la esliga de Fernando sacó el Mitsu, lo intenté con el Santa Fe, pero la arena estaba tan batida que por unos metros no lo logré.

Según avanzaba el día, el color de las dunas cambiaba, del rojo, pasaba al naranja, para después convertirse en amarillo, y de ahí al marrón de la noche. Entre duna y duna escuchábamos música de Isamelo y la voz de Fede, ¿me copias?, “Erre que si Fede”, era la respuesta de Inma.

El desierto tiene mil caras y colores, nunca es igual. Yermo, inhóspito, pero siempre fascinante en su inmensidad de silencio y calma. Un paisaje que nunca deja indiferente a quien lo contempla, y que sin dudas da alas. Otra sorpresa agradable nos esperaba a pie de la acacia donde comimos. Allí estaba Hamid, un niño que conocimos en el viaje El Desierto de los Niños el pasado Marzo. Kalia, su madre, acababa de dar a luz a Wasila, su hermanita pequeña. Vivian en una pequeñísima casa de adobe, con una sola habitación que hacía la vez de dormitorio y cocina. A Marta se le iluminaron los ojos cuando vio a Hamid. ¡¡Irene, Irene!!  es Hamid y corrió a saludarle y a preguntarle por su familia. Marta llevaba ropa para la pequeña bebé que en Marzo vivía pegada a la espalda de su madre. Convencimos a Fede para saltarnos el paso de las dunas del Dakar e ir a su casa. Cuando llegamos Marta y yo nos emocionamos tanto que no dábamos pie con bola. Wuasila tenía ya nueve meses, era una preciosa bebé del desierto. Marta sacó toda la ropita y empezamos a probársela a la bebé, ¡le quedaba estupenda! Después tomamos el té bajo la khaima que tienen en el exterior mientras jugábamos con Wasila e intentábamos hablar con su madre. Ella, curtida por el desierto, disfrutó tanto como nosotras. Nos saco su henna y nos enseño a pintarnos los ojos. Marta y yo no dábamos crédito, estábamos allí con nuestra familia amiga.

No veíamos la hora de partir, pero esta llegó y muy emocionadas nos despedimos, no sin antes prometer que volveríamos en Marzo del año siguiente.

Antes de coger la carretera ya de noche, paramos a hinchar las ruedas. Como es habitual, se nos acercaron muchas madres y sus hijos, Una de ellas nos pidió que curáramos a su bebé, de apenas un añito. Suerte que el doctor Jacobo venía en nuestro grupo, aunque sin su material quirúrgico, que estaba en el coche de Luis. Pero con un poquito de aquí, y otro de allá, improvisamos una camilla en los asientos traseros del Santa Fé, donde pusimos una camisa nuestra y tumbamos al niño. Mientras Marta le sujetaba los bracitos, el doctor Jacobo le abría la herida que estaba totalmente purulenta, le limpiaba todo el pus para curarle. Marta, con lágrimas en los ojos susurraba suavemente al bebé para tranquilizarle, porque sus gritos se oían por todo el desierto. cuando Jacobo terminó, dijo “ya pueden vestir al paciente”. Esa frase quitó hierro al momento que para el niño y para Marta fue muy duro. Unos caramelos y unos mimos, terminaron de sanar la piernecita del niño.

La vuelta hacia el Xaluca, ya de noche, resultó muy agradable, y además, nos esperaba otro masaje en el hamman.

FEZ, UN MUNDO MÁGICO

De vuelta hacia el norte visitamos Fez, importante centro religioso y cultural, porque tiene una de las universidades más antiguas del mundo. Perderse por su medieval medina es muy fácil, así que contratamos un guía, más interesado en llevarnos a un fumadero de opio, que a enseñarnos la ciudad. La medina es un entramado de callejuelas donde se encuentran mezquitas, medersas, baños públicos, y tiendas. Tiene tres zonas diferenciadas, Fès  el Bali, la de la medina, una de las ciudades medievales vivas más grandes del mundo sólo comparable a la de Marrakech, Damasco o El Cairo; Fès el-Jdid, fundada en el siglo  XIII,  y la Ville Nouvelle, construida por los franceses.

La mejor forma de orientarse es tomar como referencia las puertas de las murallas, y la más llamativa es Bab Boujeloud, esmaltada en azul  por un lado, en verde por el otro. Desde su arco se ve la mezquita de Sidi Lezzaz y la calle principal. Y por aquel laberinto nos llevó nuestro “guía”. En un momento dado nos dijo que iba ha hacer un recado, y que las chicas podíamos pasar a un baño turco, para ver cómo eran. Mientras los chicos esperaban fueran, nosotras entramos en el local donde las mujeres estaban desnudas y, ni que decir tiene, se formó un barullo fenomenal, del que salimos huyendo tan rápido como pudimos. Media hora después regresó nuestro guía para seguir metiéndonos en callejuelas tan estrechas que teníamos que pasarlas en fila india. Entre un increíble bullicio se encuentra carne fresca, caracoles, oro al peso, hierbas, afrodisíacos, lámparas, alfombras, y babuchas. Las calles están divididas por oficios. El de los caldereros, el de los comerciantes de especias, el de los carpinteros, el de los curtidores, y el de los caldereros con su inconfundible soniquete del martillo contra el metal, entre otros muchos.

En la medina se despiertan todos los sentidos, sobre todo el del olor y la vista en el barrio de los curtidores, que suministra la materia prima para la marroquinería que da fama a Marruecos. La curtiduría más importante es la de Al-Chauara, con un gran patio central rodeado de muchas fosas de ladrillo llenas tintes. En ellas se meten las pieles y un batallón de curtidores, con los tintes por las rodillas, las remojan y frotan. El proceso que actualmente se realiza no ha cambiado desde hace siete siglos: las pieles permanecen en cal durante diez días y luego las meten en las cubetas, donde se mezclan con tintes naturales, rojo amapola, naranja, henna, azul índigo, marrón dátil, amarillo azafrán. Ni que decir tiene, que tras arduos regateos, salimos con unos preciosos y originales bolsos azul índigo.

Recorrimos los puestos de especias: sacos de henna, azafrán, clavo, jengibre, cúrcuma, amapola, cayena, comino, curry,  mostaza y así hasta cientos  de semillas, flores aromáticas, o frutos secos. Aunque hoy  en día no sean importantes, en la antigüedad las especias eran tan valiosas como el oro. Compramos babuchas, cerámica, un antiguo azucarero bereber, y… muchas cosas más.

Casi al anochecer dejamos el hotel de Fez, nos esperaban más de 520 kilómetros para volver a Ceuta y embarcar hacia Algeciras. A los 100 kilómetros tuvimos que parar para apretar los tornillos de las llantas. Estaba aparcando en una gasolinera cuando sobre nuestro coche se abalanzó un Peugeout con cuatro ocupantes, a lo Matrix marroquí.

¡Menudo lío pensé! No me había bajado del coche cuando el conductor que me había atacado se dirigió hacia mí, con su tremenda cazadora negra de cuero, implorando a gritos a Alá. Yo, con las manos juntas empecé a poner cara de póker y repetir continuamente en mi chapucero francés, perdón, perdón, mientras le limpiaba el raspón con una toallita Dodot Mimo. Así estábamos cuando llegó Fede, que había visto cómo se habían abalanzado sobre nosotras, para recriminarle. Y fue peor el remedio que la enfermedad, porque aquel volvió a ponerse de nuevo como un energúmeno. Yo me veía en una cárcel marroquí mientras seguía limpiándole el arañazo a aquella chatarra de coche. Fede comprendió que mi estrategia era la más rentable, así que, dándole una palmadita en el hombro, también se disculpó, y todo arreglado.

Seguimos nuestro camino hasta la frontera, donde la policía, tanto la española como la marroquí, además de la guardia Civil, mostró mucho interés en nuestro viaje. Tras un largo rato de charla, Marta cortó por lo sano con la policía, “perdona, no nos podemos entretener más porque perdemos el barco”. “nada, que tengáis buen viaje”, nos despidieron.

En la travesía, que fue un poco movida, un compañero me preguntó, ¿y a ti te ha tocado el viaje en algún sitio?
“Si en el tambor del Colon”, pensé. “No, hemos querido hacerlo igual que tu”, respondí para su sorpresa.

Para nosotras, que hemos ido y vuelto sanas y salvas, ha sido una experiencia sensacional, ¡que vamos a repetir! Nos vemos en Diciembre.
Irene

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