Madrugamos un poco más que ayer para poder aprovechar bien el tiempo, desayunamos y al poco tiempo de salir del hotel paramos en un pueblo cercano para comprar pan.
Enseguida tomamos una pista que va ascendiendo por la montaña a través de pequeñas aldeas que, según nuestro guía, están habitadas por gentes de origen alemán y belga, que huyen de sus lugares de origen buscando una vida más tranquila en estas apartadas montañas. ¡Otra cosa no tendrán, pero la tranquilidad no les tiene que faltar¡
Vamos pasando por pueblos que bien podían pertenecer al principios del pasado siglo, con gentes circulando en carros de caballos; incluso llegamos a un pueblo un poco más grande en donde han instalado un mercadillo, lugar en el que se venden objetos como menaje de cocina muy antiguo, ropa, zapatos, comida..., incluso hay un mercado de animales donde se venden caballos, ovejas, cabras, cerdos, vacas...
Después continuamos la marcha y a la hora de la comida paramos a comer a la entrada de un población al borde de un río, pero tenemos que comer deprisa y sin sobremesa, ya que el cielo se va oscureciendo por momentos y se pone a llover cuando estamos acabando la comida.
Por la tarde llegamos a un lago en donde hay gente acampada, no sin antes pasar por una pista que estaba bastante embarrada, donde nosotros nos quedamos atascados, por lo que no nos queda más remedio que recurrir a la fuerza del 80 de David que nos saca con la eslinga amablemente cedida por Ricardo, que es el primero que la ensucia.
Nuestro hotel esta noche es un viejo edificio más o menos rehabilitado, situado en un pueblo llamado Ighiu, en el que todavía la mayor parte de los vehículos que hemos visto circulando por la carretera son carros de caballos; además se ven vacas que van solas por la calle camino de sus establos y ocas en manada paseándose tranquilamente por el pueblo.
Kilómetros recorridos en el día de hoy 152.
Esta mañana, cuando salimos del hotel, vamos directamente a una ciudad llamada Alba Iulia, antigua capital del principado de Transilvania en los siglos XVI- XVII. Repostamos en la gasolinera y más tarde tenemos tiempo libre para visitar el casco antiguo de la ciudad, pero no podemos hacerlo porque comienza a llover de forma intensa y nos tenemos que conformar con visitar la catedral ortodoxa de la ciudad, edificio que data de principios del siglo XX en donde fueron coronados los reyes de Rumania.
Salimos de Alba Iulia y nos dirigimos hacia Sebes, ciudad situada a sólo 16 kms , en donde esta vez visitamos su iglesia evangélica también acompañados por una lluvia que cada vez se va haciendo más intensa.
Los planes para el día de hoy consistían en comer en medio de alguna pista, pero eso se hace imposible porque cada vez llueve más, lo que hace que intentemos comer en un restaurante que a simple vista parece un lugar adecuado. Digo intentemos comer porque eso va a ser difícil. Pedimos para todos un menú tan complicado como carne de cerdo al grill, con ensalada y patatas fritas.
Esperamos dos horas y sólo han salido tres tristes filetes de cerdo, y digo tristes porque aparecen solitarios en sus platos, sin ningún tipo de acompañamiento. Después de mucho esperar Manoli se decide a entrar en la cocina para ver qué pasa con la comida y ve a dos muchachas que están desbordadas por tener que dar de comer a 24 personas, ya que en el restaurante no hay nadie más que nosotros. Las aprendices de camareras/cocineras están descongelando bajo el agua caliente la carne, mientras que en una sartén pequeña están friendo las patatas. Nuestra chef Manoli decide ponerse manos a la obra y organiza la cocina, mientras que las dos camareras están agobiadas mirando como ella hace la comida, al mismo tiempo que Pilar y algunas de nosotras servimos de camareras. Incluso se ve a Susana con la fregona en mano recogiendo agua en el cuarto de baño.
Conseguimos terminar de comer bastante tarde, por lo que incluso las nubes ya se han disipado y ha salido el sol. Ascendemos por pistas hasta la cima de una montaña, que es donde nos hacemos una foto de grupo todos vestidos con las camisetas de color verde que nuestro guía Mircea nos ha regalado. A continuación vamos siguiendo por caminos hasta la ciudad de Sibiu, en donde está situado nuestro hotel esta noche, no sin antes pasar por pistas muy embarradas, pero que hoy no dejan atascado a nadie.
Llegamos un poco tarde al hotel, con el tiempo justo para dejar las maletas y acudir a la cita de Federico en el aparcamiento a las 8,30, siguiendo sus indicaciones de ir bien abrigados y con las cámaras de fotos, para lo que será una cena sorpresa. Después de reunirnos nos está esperando un autocar que no sabemos dónde nos llevará. Atravesamos la ciudad de Sibiu y llegamos a un restaurante familiar regentado por una familia gitana, donde somos recibidos por niños vestidos con un traje regional rumano, que cantan canciones típicas, y que, en señal de amistad, nos ofrecen sal y un aguardiente casero hecho con ciruelas. El patriarca de la familia está preparando un guiso de carne y patatas que está realmente muy bueno. El complemento a esa magnífica cena serán los músicos zíngaros que cantan mientras cenamos.
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Volvemos en el autobús al hotel contentos por la cena y por el buen momento vivido en casa de los gitanos.
Kilómetros hechos en el día de hoy 134.
Hoy es el día que está previsto que atravesemos los Cárpatos Meridionales o también llamados Alpes Transilvanos, dejando atrás la región de Transilvania para entrar en Valaquia. El camino de hoy está previsto que se haga por carretera asfaltada, lo que no impide que por la mañana nuestro guía Mircea se salga de la ruta y nos desvíe por un camino que nos hará vadear un río para inmediatamente seguir por la carretera prevista.
Poco antes de la hora de la comida llegamos a la cumbre de 2.000 metros en donde la temperatura ha bajado de forma significativa y hay mucha niebla, por lo que nuestra idea de comer allí queda pospuesta para hacerlo un poco más abajo, donde la temperatura ha vuelto a subir y ha salido un poco de sol.
Después de la comida campestre brindamos con cava catalán que, como buenos catalanes, han traído Ricardo y Susana, incluso han cargado con copas de cristal que una vez usadas y lavadas vuelven a ser envueltas en papel de periódico y guardadas.
La tarde se hace bastante pesada porque el camino se hace todo por carretera asfaltada, que en muchas ocasiones se rompe; además hay un tráfico bastante intenso de coches y camiones. Asistimos a la increíble visión de un camión grande que, en una carretera estrecha, llena de curvas y sin ninguna visibilidad, ni corto ni perezoso se pone a adelantar a una fila de coches, hecho que deja traumatizado a Paco que ve como un camión adelanta a su Mercedes 500 GE de mÀs de 300 CV, algo que nunca podía haber imaginado.
Llegamos a nuestro destino en Moeciu bastante tarde y un poco cansados por la ruta. En este hotel será el único en el que vamos a dormir dos noches seguidas.
Kilómetros hechos en el día de hoy 271.